Fragua

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La Tesis del 1%

La tesis del 1% ha tenido una especial recepción dentro de los sectores críticos al modelo capitalista chileno. “La desigualdad de verdad (…) es entre el 99 por ciento de la población que representa la CASEN y el uno por ciento verdaderamente rico que ni siquiera se digna en responderla” decía Manuel Riesco hace no mucho tiempo, cuestión con la que estarían de acuerdo amplios sectores, como la Izquierda Autónoma y el Partido Igualdad. La investigación recientemente publicada de los economistas Ramón López, Eugenio Figueroa y Pablo Gutiérrez reafirma el punto al analizar la distribución del ingreso a partir de los datos del Servicio de Impuestos Internos. Si bien el nivel de acumulación es sorprendente y habla del modelo imperante en Chile, esta idea puede adquirir ribetes peligrosos para el movimiento popular si es que con ella pretendemos reemplazar una concepción clasista de la sociedad.

 

La idea de la lucha de grandes mayorías contra una minoría monopólica no es nueva. Es posible encontrarla en los “treinta años dorados” donde se planteaba la idea de una “clase salarial”, donde la gran mayoría estaba constituida tanto por los trabajadores manuales más precarizados como por las altas cúspides tecnoburocráticas de la estructura social. Otras vertientes pusieron el énfasis en los monopolios y en cómo éstos desfavorecían a la clase obrera y a la pequeñaburguesía, pero también al pequeño y mediano capital. Aquí la distinción central se realiza sobre la base de los ingresos de las personas, pudiendo observar grandes diferencias de un grupo a otro. La tesis del 1% se asentaría en que el salto en ingresos de este 1% más rico con respecto al otro 99% es mucho mayor que el salto de cualquier otro porcentaje. Una posible conclusión sería pensar que ese 99% tendría incentivos a transformar las condiciones a las que se enfrenta en tanto hay un 1% que los mantiene en ingresos que debieran ser mayores. Sin embargo, ¿es posible pensar a pequeños y medianos empresarios en alianza con las organizaciones sindicales y con el proyecto de superar el capitalismo? El problema de los intereses de los distintos grupos parece ser más complejo, por lo que esta distinción entre el 1% y 99% nada nos dice de si esos grupos tienen o no incentivos materiales para la transformación del modelo. Claramente el 1% tiene interés de mantenerlo, pero la heterogeneidad del otro 99% no nos permite llegar a respuestas satisfactorias.

 

El peligro de este tipo de lecturas es que nos puede llevar a una visión errada de cuáles son las características de la lucha de clases hoy en Chile. Si bien es un dato alarmante y que puede tener ciertos rendimientos para la construcción del movimiento popular, un uso errado del mismo podría resultar contraproducente. Lo peligroso de la tesis es que puede llevarnos lejos de una pregunta que resulta central a la hora de la construcción del movimiento popular: ¿qué intereses poseen los distintos grupos en relación a la mantención o transformación del sistema capitalista? Si bien es una pregunta que adquiere mayor complejidad, el marxismo ha desarrollado un instrumental analítico que permite abordarla y, con ello, desarrollar prácticas y alianzas políticas más eficaces a la luz del objetivo final, la construcción de una sociedad que supere la injusticia intrínseca del capitalismo.

 

 

 

Serie: Izquierda chilena y construcción de poder

En el actual periodo histórico en el que nos encontramos, es fundamental realizar una lectura crítica de las prácticas políticas que ocurren dentro del incipiente movimiento popular contemporáneo, con el objetivo de ir sintetizando ciertos lineamientos que permitan dirigir de mejor forma la estrategia de construcción política en los años venideros. Ir aprendiendo de los aciertos y los errores del movimiento popularpermite superar las limitantes al debate que hoy existen, pero también genera una base de conocimiento que nos haga más fuertes.

 

Uno de los ejes de discusión que debe estar presente es la reflexión y evaluación de las distintas apuestas de construcción de poder que encontramos hoy en la izquierda. Es necesario debatir acerca de las distintas apuestas sobre la definición de los sujetos a los que se debe apostar por articular bajo una política revolucionaria, la formas de organización que debieran tener estos sectores sociales, los objetivos políticos a corto y mediano plazo que deben levantarse en el seno del pueblo y la relación que se establece con los aparatos institucionales de la política.

 

En relación a estos temas es necesario establecer ciertos elementos básicos de análisis que definen desde donde nos posicionamos en Fragua respecto estas temáticas.

En primer lugar, entendemos a los sujetos políticos desde la perspectiva de la teoría de clases, esto es palabras simples, que los actores que se encuentran presentes en la política responden a los intereses y las visiones que las distintas clases o fracciones de clase generan. En una época en donde incluso algunas apuestas que se autodefinen de izquierda o alternativas al neoliberalismo abandonan el análisis de clase, es preciso volver sobre este marco conceptual, ya que, en última instancia, ahí reside la explicación del surgimiento de los intereses que se desenvuelven en la política.

 

En segundo lugar, partimos del diagnóstico deque las organizaciones de la clase trabajadora se encuentran en un periodo de cimentación, proceso que ha demorado ya más de dos décadas desde el fin de la dictadura. En virtud de esto, es que una de las tareas fundamentales a realizar en el corto plazo es la construcción de la organicidad del pueblo, en sus diversas expresiones: sindicatos, movimientos de pobladores, movimiento estudiantil, etc. Si el objetivo de toda política es la construcción de poder popular -entendiendo que este es un proceso no lineal y que tiene periodos de avance y reflujo-, es necesario tomar en consideración en la evaluación de las apuestas actuales y como estas se hacen cargo de la problemática de la acumulación de poder.

 

En tercer lugar, partimos del diagnóstico de que las características del sistema político chileno actual, en especial lo que se juega dentro del aparato parlamentario, tiene limitantes tan fuertes que cualquier política con intención transformadora es cooptada por las coaliciones neoliberales actuales. Esto porque, en última instancia, la Concertación y la Alianza ya albergan en su seno un conjunto de fracciones de la burguesía y la pequeña burguesía cuyos intereses de clase se encuentran, hoy en día, íntimamente ligados al éxito del modelo neoliberal.Cuando se evalúen las distintas alternativas, sobre todo las que se orientan hacia la lucha electoral, se debe analizar cómo estos resuelven la problemática de la acumulación de poder y no la subyacen a una acumulación de electorado.

 

Tomando esos tres elementos como puntos de partida para el análisis se tratará de realizar un balance de las distintas apuestas políticas y de sintetizar nudos claves en los que se deben reflexionar para avanzar en la construcción de una alternativa política transformadora.

 

Introducción ¿por qué hablar de la izquierda en Chile hoy y de la construcción de poder?
Asamblea Constituyente y Movimiento Popular. Por FRAGUA

 

Trampas de la Estrategia Institucionalista Primera Parte. Por Leonora Rojas

 

Trampas de la Estrategia Institucionalista Segunda Parte. Por Leonora Rojas

 

La doble estrategia: confusiones de los límites del Estado y la Sociedad Civil en la vía institucionalista. Por Marcela Quero

 

Las tensiones interna de los movimientos sociales: el componente obrero y la cooptación pequeño burguesa. Por Ignacio Sandoval

 

Para la revolución no hay atajos. Por Sebastián Link

 

La tesis del 1%. Por FRAGUA

 

La tesis del 1%: antecedentes históricos. Por Manuel Salgado

 

La tesis del 1%: antecedentes estructurales. Por Manuel Salgado

La tesis del 1%. Segunda parte: antecedentes estructurales

En una columna anterior, planteamos algunos antecedentes históricos de ciertos problemas que estarían detrás de lo que hemos llamado “la tesis del 1%”. Hablamos de las tesis de la clase salarial y de la lucha contra los monopolios. Este análisis continúa con los antecedentes estructurales de tal tesis. Se plantean cuatro dimensiones para ello, (1) tesis solidarias de la tesis del 1%, (2) sus bases teóricas, (3) la naturaleza mediática del 99% y (4) lo volátil del 1%.

Antes de abordar dichas dimensiones, es preciso consignar una cuestión de importancia, más todavía si nos encontramos hoy en el contexto de una formación social, a todas luces, todavía “dependiente”. La misma dice relación con el hecho de que la tesis del 1% no ha sido endógenamente generada por fuerzas nacionales (y nos atreveríamos a decir, ni siquiera por fuerzas latinoamericanas), sino que proviene de las formas y tácticas de lucha propias de los centros capitalistas en su decurso actual. En efecto, la tesis del 1% se vincula orgánicamente a las elaboraciones del grupo ATTAC1 y ha sido difundida recientemente por las luchas de los denominados “indignados”. Por lo tanto, tenemos que ya desde su origen, la tesis del 1% es susceptible de generar suspicacia, al menos para quienes la noción de “colonialismo intelectual” todavía tiene algún sentido. Dicho esto, pasemos al análisis estructural de la tesis.

En primer lugar, el conjunto teórico en el cual en general se incluye esta tesis, conjunto que se compone de otras tesis “solidarias” que aquí tematizamos. A este conjunto lo podríamos englobar ampliamente bajo la noción de “capitalismo financiero”, término muy afín a toda esta corriente teórica. Bajo la denominación de “capitalismo financiero”, toda una serie de autores “progresistas” entiende que lo que hoy prima es, de hecho, el capital “financiero”. Por lo general, una noción elusiva y con connotaciones diferentes, “financiero”, para estos teóricos, viene a significar el predominio de los bancos, la economía “no real” y el capital especulativo. Todo ello primaría sobre el capital industrial productivo, el cual en general se entiende como eminentemente nacional y normativamente positivo. Ahora bien, no es solo que aquí se presente una serie de conceptos manejados de manera laxa, sino que con este cuerpo teórico se niega dos cosas de sustancial importancia: a) la determinación de la realidad social por la producción (en términos estructurales, y de mediano y largo plazo); b) el hecho empírico de que el autofinanciamiento de los grandes capitales mundiales en realidad niega su dependencia de los mismos bancos, ya que en realidad el mismo capital 1porproductivo “posee” la gran mayoría de estos bancos2. Esto por una parte. Por otro lado, se encuentran todas aquellas consignas de lucha que se derivan de estas tesis (dentro de las cuales se encuentra la lucha contra el 1%). Algunas de estas consignas de lucha son: a) impuesto a las transacciones financieras; b) foco de la lucha en los bancos y contra el endeudamiento; c) intercambio equitativo o justo. Todas estas tesis son lo suficientemente endebles como para ser cuestionadas sin la necesidad de un conocimiento demasiado especializado. En lo que respecta al impuesto a las transacciones financieras, Rolando Astarita3 es claro al señalar que no existe el tipo de institución mundial “dispuesta” a exigirlo (¿realmente se piensa que el Banco Mundial o el FMI exigirán de esta manera a los grandes capitales?). En segundo lugar, la lucha contra los bancos y el endeudamiento es criticable en términos del modo de producción vigente. Bajo el feudalismo, la usura y el intercambio desigual eran las formas paradigmáticas de generar sobreganancias, sin embargo, bajo el capitalismo ésta relación tiende a invertirse: el capital comercial y “financiero” tienden a regularse por la ganancia media de la industria determinada por el capital productivo. Y, tercero y final, en lo que refiere a la necesidad de luchar por un intercambio equitativo, solo tenemos una consigna parcial que busca la “justicia” en la esfera de la circulación, invirtiendo los términos de la determinación de la realidad4.

La segunda dimensión que aquí deseamos tematizar se articula en torno a las bases teóricas mismas de la lucha contra el 1%. Sostenemos, sin riesgo de duda, que éstas se afincan en dos elaboraciones paradigmáticas: a) la idea de “multitud”; b) la noción de “precariado”. La primera fue elaborada por Toni Negri hace algunos años, fundamentalmente para designar al sujeto transformador en el contexto de una lucha cuyo otro término opositor sería el “Imperio”. La segunda es una noción elaborada por los sindicalistas italianos de fines de la década del 70 del siglo pasado, la que ha sido tomada y desnaturalizada por algunos de los teóricos del 1% en los centros capitalistas (e.g. el “marxista” Richard Seymour5). Para el caso de la “multitud”, tenemos que la misma comparte con el 99% su naturaleza elusiva, informe, ambigua y “masiva”. Y, para el caso del “precariado”, tenemos dos elementos de importancia: a) la vinculación sistemática que realiza Seymour entre la tesis del precariado y la tesis del 1%; b) la idea de que existiría una suerte de clase salarial amplia que hoy en día compartiría el rasgo de la precarización (recordemos que una de las bases de Riesco para hablar del 1% es conceptualizar la existencia de una suerte de “clase salarial”).

Ahora bien, la idea de la existencia de un 99%, derivada de la noción de “precariado” y de la idea de “multitud”, es deficitaria en un punto sustancial: carece de especificidad y se encuentra inherentemente imposibilitada de devenir categoría concreta aplicable a los conflictos reales. Esto, en lo fundamental, porque nunca se ha intentado definir sistemáticamente a este 99%. O, cuando se lo ha hecho, no se ha vuelto sino a las mitologías de mediados del siglo pasado (“obrero colectivo”, “clase salarial”, un pueblo antiimperialista que incluye a la burguesía, etc). En suma, aquí planteamos que, en realidad, el 99% no constituye sino un intento de configurar un tipo de alianza negativa. El problema, sin embargo, es que lo que se “niega” carece de la suficiente especificidad. Esto es, a diferencia de la alianza anticapitalista (que define un enemigo específico –la clase capitalista y “su” modo de producción-), el 99% (por naturaleza), lucha contra un “porcentaje” (que por definición es poco específico). Por lo demás, cuando a este porcentaje se lo ha intentado definir, los resultados no han sido satisfactorios. Así, como ya vimos, la idea de la lucha contra los bancos, el capital financiero especulativo, etc, supone tomar caminos que no ayudan a la lucha de los productores y explotados en aras de la igualdad y la libertad (sustantivas y materiales). Por otra parte, si a este 1% se lo entiende como privilegiado en términos (nacionales) de consumo –como lo hace Riesco-, no sorprendería ver una lucha que se plantea en el mismo pie conflictivo ante: a) una inmobiliaria no demasiado encumbrada; b) actores, directores técnicos, personajes de farándula y futbolistas adinerados. El absurdo de tal práctica política es evidente.
Sólo dos puntos críticos más. Primero, la naturaleza “mediática” de este 99%. En efecto, la lucha del “99% de indignados” en los centros capitalistas ha concitado una atención no menor por parte de los medios de comunicación de masas (por lo general cooptados por el capital). Es que la misma tesis del 1% tiene su base en una suerte de lucha “posmoderna” en la cual lo real es inmaterial, informacional, etéreo, fluido, etc. Tanto es así que el mismo Richard Seymour comprende que el 99% se constituye mediante una mera “interpelación” (althusseriana):

“El precariado no es una clase, y su amplia aceptación como un meme cultural en las culturas (sic) izquierdistas disidentes, no tiene que ver con la afirmación de que de hecho lo es. Antes bien, es un tipo particular de “interpelación populista” que opera a partir de un antagonismo crítico real del capitalismo de hoy…El precariado no es peligroso, exótico, extraño, o una clase incipiente que necesita ser tratada con paternalismo. Somos todos nosotros…”.

En suma, el “precariado” (que para Seymour es también el 1%) no solo se constituye en el campo de la ideología althusseriana (y pareciera ser que Seymour no tiene en cuenta que este concepto en Althusser es característicamente negativo), sino que su realidad operativa es meramente discursiva.

En segundo lugar (y final), quisiéramos destacar que, en algunas elaboraciones que operan con la tesis del 1%, el mismo pareciera invisible, etéreo e inaprehensible. No es sólo que el capital especulativo ya haya partido viaje para ser invertido en un lugar menos molesto, apenas ha sido “señalado”, sino que incluso este 1% es inaccesible mediante las encuestas regulares:

“La desigualdad de verdad, sin embargo, es entre el 99 por ciento de la población que representa la CASEN y el uno por ciento verdaderamente rico que ni siquiera se digna responderla…”6

Solo abandonando la categoría de clase y el análisis materialista, se puede configurar un entendimiento de la realidad en el cual la referencia concreta del antagonista parece desaparecer. Por el contrario, desde esta tronera, se considera que bajo el modo de producción capitalista, éste siempre ha tenido características definidas:

“No es exacto precisamente que la política de los grandes bancos deba ser siempre también la política de la sociedad burguesa. Determinados grandes bancos son históricamente más viejos que la sociedad burguesa. La fuerza de la burguesía como clase no radica en grandes casas bancarias o en algunos consorcios industriales, sino que se halla en todos los fabricantes, comerciantes, agentes, altos empleados, etc, los cuales constituyen, juntamente con las profesiones intelectuales, la sociedad ilustrada de las ciudades…”
Revisar “La tesis del 1%. Primera parte: antecentes históricos“

1 Aún cuando presente heterogeneidad dentro de sí, el grupo ATTAC tiene una de sus expresiones paradigmáticas en las elaboraciones pequeñoburguesas de Le Monde Diplomatique, instrumento de comunicación que, por lo general, opera con bastantes tesis propias de lo que en la antigua jerga política podría denominarse reformismo/revisionismo (impuesto a las transacciones financieras, intercambio justo, etc).
2 Sobre el autofinanciamiento de las grandes multinacionales (que son eminentemente productivas en términos capitalistas), véase los desarrollos de Orlando Caputo: (e.g. http://www.youtube.com/watch?v=kPfuKvWhLMU).
3 Economista marxista argentino que enseña en Córdoba. Sus artículos están disponibles en: rolandoastarita.wordpress.com
4 También se obvia que solo un intercambio no capitalista puede operar bajo los términos de la justicia, ya que la competencia capitalista en el reino de las mercancías es siempre lucha y guerra (además de que en el mediano plazo las mercancías siempre se intercambian por su valor).
5 http://www.newleftproject.org/index.php/site/article_comments/we_are_all_precarious_on_the_concept_of_the_precariat_and_its_misuses
6 http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167
7 Democracia y socialismo (Arthur Rosenberg). Obviamente, desde nuestra postura, los capitalistas también se encuentran en el agro, así como tampoco lo ilustrado es necesariamente burgués.

Trampas de la estrategia institucionalista, segunda parte

Dentro de los movimientos de carácter ciudadanista, encontramos a varias agrupaciones políticas aparentemente variopintas, pero que reflejan el síntoma de la disgregación de la izquierda: múltiples partidos con apuestas “propias”, pero con estrategias políticas similares.


El proyecto ciudadanista: Izquierda Ciudadana y Revolución Democrática.


Realizaremos un breve análisis de dos propuestas, para cuyos efectos utilizaremos a modo de ejemplo las propuestas de Revolución Democrática e Izquierda Ciudadana.

Revolución Democrática (desde ahora RD) nace en el 2012 como un “movimiento político”, a raíz de las movilizaciones sociales de 2011, que acusa la ineficiencia del sistema político actual y la necesidad de la emergencia de nuevos actores políticos que disputen el poder que ha permanecido en manos de dos coaliciones desde el fin de la dictadura: la Alianza y la Concertación. El diagnóstico realizado desde RD se resume a una crisis de representación y credibilidad de las instituciones, y a una fractura entre los ciudadanos y el sistema político que dio paso a las movilizaciones del 2011, debido a la insuficiencia de este sistema para realizar transformaciones. A continuación, iremos desglosando estos factores más profusamente.

A partir del diagnóstico anterior, RD “aspira a emerger como uno de estos actores, y a jugar un rol relevante en la política que viene”, impulsando transformaciones estructurales que se ven reflejadas en una nueva Constitución. Ahora bien, ¿a quiénes se encomienda la tarea del cambio? Ya no se habla de alianzas interclasistas, ni de la clase trabajadora. Son las personas, como ciudadanas, quienes deben participar activamente de las decisiones que se tomen dentro del sistema político, en sus palabras, “la democracia debe guiar nuestro accionar a todo nivel. Queremos hacer soberanos a todos los chilenos”. La diversidad de los actores no resulta acá un problema, en tanto la vía democrática une a todos los “ciudadanos” en un “proyecto ciudadano” común que trasciende cualquier otra categoría y diferencia social. La invitación es, entonces, a unirse al proyecto, porque más allá de las diferencias (de hecho, “valoran la diversidad”, por el solo hecho de que apoyar la diversidad en sí misma parece una apuesta políticamente correcta) cualquier persona que quiera realizar esos cambios por la vía democrática, es bienvenida.

La confianza en la propuesta radica en lo innovador que ésta puede llegar a ser (de hecho, se habla de que innovando las propuestas, se puede llegar a aquellas personas que “dicen no a todo”), y no en la alianza interclasista, ni en la clase trabajadora y su llegada al gobierno. Desde su punto de vista, el problema reside en que la antigua institucionalidad y las alianzas de partidos existentes no pueden responder a las problemáticas actuales ni impulsar y llevar a cabo las transformaciones que “los movimientos ciudadanos” reclaman hoy. De ahí, entonces, que la propuesta sea impulsar muchos “nuevos” proyectos desde la vía democrática, por la vía electoral, encaminando los procesos que “la antigua institucionalidad” no puede. El foco de la problemática está puesto en que las “reglas” que guían al sistema político están obsoletas, no dando el ancho para satisfacer las demandas; y en que los bloques existentes responden a esta estructura, no logrando re-articularse ni proponer transformaciones.

Por su parte, Izquierda Ciudadana (desde ahora IC) realiza un diagnóstico similar. Se acusa a la Concertación de haber pactado con la Alianza desde la llegada de la democracia, enfatizando que esto es lo que le ha impedido a la Concertación realizar cambios importantes. Frente a “la demanda de participación en las decisiones públicas” por parte de grandes sectores de la población, las instituciones políticas que nos rigen hoy no son suficientes. Es por esto que se argumenta que la labor del nuevo gobierno es atender a las demandas de mayor igualdad, y transformar radicalmente el sistema económico y el sistema político, alterando, con ello, las relaciones de poder entre las mayorías y las minorías dominantes.

El enemigo concreto de IC es la “derecha” que impide las transformaciones, de ahí que la tarea sea la instalación de un gobierno con sustento político y social, con apoyo parlamentario, sustituyendo las bases de la antigua Constitución, creando una nueva mediante una Asamblea Constituyente. Las propuestas que surgen desde IC van desde el carácter de la Asamblea y la nueva Constitución, hasta una nueva Reforma educacional y tributaria. El carácter meramente reformista de estas propuestas sobrevalora el poder de la legalidad y de la institucionalidad para la realización de transformaciones, a la vez que sobredimensiona sus posibilidades de inserción en el aparato estatal.

Ambos programas se configuran como propuestas que ven la mera pérdida de consenso como la principal problemática, de ahí que ofrezcan nuevos proyectos que pretenden lograr un nuevo consenso de carácter ciudadano en torno a sus ideas programáticas de reforma a diversos ámbitos de la institucionalidad vigente. La crisis se observa solo en la “antigua forma de hacer política”, de ahí que lograr un “acuerdo” resulta ser el gran paso a seguir para terminar con la “dualidad” partidaria (Alianza/Concertación), generando un nuevo proyecto de carácter inclusivo y ciudadano.

Recalcamos la idea de las mayorías ficticias, especialmente en el caso de RD e IC. Se habla de participación política de la ciudadanía solo en términos de ayudar a construir las reformas al sistema, participando políticamente mediante la vía electoral, haciendo caso omiso a la organización real, estable y permanente que debe nacer desde las bases.

Por su parte, al “valorar la diversidad” y pluralidad de actores en estos proyectos de carácter ciudadano, se desdibuja un elemento que para nosotros resulta fundamental: que los actores políticos responden a intereses de clase, y que existen, por lo tanto, intereses de clase contradictorios imposibles de reconciliar. La categoría de ciudadano oculta y obvia las diferencias de clase, presentando una igualdad que resulta ficticia y tramposa al ejercicio de realizar grandes transformaciones.

Finalmente, la ingenuidad con Igualdad es compartida: sin aliarse a los bloques dominantes, ¿es posible una transformación? Y al aliarse con ellos, ¿es posible confiar en cambios estructurales profundos, considerando la reticencia de éstos a las transformaciones? ¿Sirve de algo disputar la institucionalidad para la construcción de poder, hoy en día y en estos términos, considerando su forma actual y las alianzas de clase de cobija en su seno?

La imposibilidad de la vía institucional hoy

En las dos columnas anteriores de la serie Izquierda y Construcción de Poder, abordamos algunas propuestas de lo que hemos calificado como la vía institucional. Analizamos las propuestas de organizaciones como el Partido Comunista, el Partido Igualdad, Revolución Democrática e Izquierda Ciudadana.

Un análisis más general adquiere nuevos ribetes hoy, cuando el PC ha planteado ya su apoyo definitivo a la candidata de la Concertación y la crítica a su actuar no solo ha venido de la izquierda revolucionaria, sino que también de aquella que defiende la vía institucional.

Para comenzar, la crítica a los nuevos partidos analizados convergen: sin aliarse con sectores de la Concertación (las coaliciones neoliberales actuales no permiten la generación de transformaciones; de ahí que, por sí mismos, estos partidos más pequeños no tengan posibilidades reales de generarlas), los logros que pueden obtenerse en el ámbito institucional son bastante limitados dadas las características estructurales del sistema político formal. Sin embargo, la alianza con sectores aparentemente progresistas de la Concertación no promete, bajo ninguna circunstancia, el compromiso de realizar transformaciones concretas. Las reglas de juego son bien conocidas por todos los actores políticos, y más allá de que estén bien o mal escritas (lo que se traduce en una “mala” Constitución versus una “buena” y nueva Constitución), el problema radica en los conflictos de intereses (a los que se responde) que hay detrás de todos estos actores. Fuera de las limitantes institucionales que impiden ciertas transformaciones, existen elementos que no dependen de ellas y que pudieron haber sido cambiadas durante los gobiernos de la Concertación, pero que pese a esto no han sufrido permutaciones. Los intereses de estos sectores políticos corresponden a los intereses de la clase dominante, vinculados estrechamente a la mantención del sistema capitalista. De ahí que haya que tener precaución con enfatizar la presencia ficticia, a nuestro parecer, de un momento constituyente hoy, pues apoyar esta suposición puede, más que abrir la puerta a la generación de grandes transformaciones, abrir una puerta a un momento que sirva de relegitimación a la democracia burguesa, recomponiendo y reformando el mismo sistema que tenemos hoy. Es así como, bajo el lema de la necesidad de un momento re-fundacional de la política, las coaliciones neoliberales pueden aprovechar la oportunidad de mantener su posición y legitimarla nuevamente.

Si tomamos en cuenta lo anterior, no es baladí afirmar que la alianza con sectores progresistas de la Concertación, más allá de que esto resulte parte de una estrategia como es el caso del PC, es peligroso para aquellas izquierdas que quieren realizar transformaciones y erradicar el capitalismo neoliberal. En este sentido, la unidad se hace necesaria, pero no tiene que ser abstracta, ficticia. Decir que todos somos de izquierda y que eso es razón suficiente para unirse, es un argumento erróneo que puede conllevar a la búsqueda y generación de alianzas con los sectores equivocados, como la Concertación. La unidad debe fundamentarse en la convergencia de principios y horizontes que logren consolidar una alianza que haga el contrapeso a la clase dominante.

Ahora bien, no debemos olvidar que el sistema político es solo uno de los espacios en los que se manifiesta el capitalismo, por lo tanto, los cambios que puedan producirse acá resultan inoperantes considerando las manifestaciones concretas de este último en otras esferas, como la económica y la cultural. Abogar por la generación de cambios en la totalidad de la sociedad desde, por ejemplo, una Asamblea Constituyente hoy, resulta en un gran error, pues la acción política revolucionaria debe abordar las tres esferas. El ocupar posiciones dentro del sistema político formal y cambiar sus reglas, no necesariamente van a permitir las transformaciones de éste, y, por otra parte, los problemas de inorganicidad de las organizaciones sociales de base, así como la construcción de poder, no tienen una relación directa con la acumulación de poder electoral. No porque esta última exista, la acumulación de poder desde las organizaciones de base va a aumentar.

La imposibilidad y las implicancias negativas de apelar a cambios mediante la vía institucional, considerando la forma actual del aparato institucional y la manera que proponen estos cuatro proyectos para su transformación (Partido Comunista, Partido Igualdad, Revolución Democrática e Izquierda Ciudadana), ya sea por medio de la generación de mayorías electorales ficticias o mediante la generación de un proyecto ciudadano que sea inclusivo de todos los sectores sociales, nos hace llegar a la conclusión de que la construcción de poder no debe desplazar la fuerza social orgánica de su centro, debe potenciarla. Si bien ha habido avances y no puede hablarse de una inexistencia de organizaciones sociales de base, el trabajo aún es arduo y una tarea esencial para el corto plazo no es el cambio de la Constitución ni disputar un espacio que se rige bajo las reglas de la clase dominante. La tarea es la construcción de la organicidad del pueblo, la clase trabajadora y sus aliados. Es el pueblo quien, generando estrategias de lucha organizada y acorde a los intereses de la clase trabajadora, logrará las grandes transformaciones de la sociedad y la erradicación total, y no parcial (reformista) del capitalismo.

Ciencia y lucha de Clases: Metodología para hacer análisis de clases sociales en el Chile actual

En la actualidad el análisis de clases sociales se encuentra estancado en el enfoque cuantitativo, reduciendo el fenómeno a la estratificación y al ingreso o invisibilizando el rol de los intereses de clases en el proceso de organización de la sociedad.

 

El taller buscó recuperar y profundizar el concepto de clases sociales, entregando herramientas para el análisis científico y político del actual contexto. Como Fragua nos planteamos la tarea de aportar a la construcción de la teoría revolucionaria y la praxis política de los investigadores sociales.

De la Reforma Tributaria a la Emergencia Progresista (Año 2014)

Es difícil pensar que la Reforma Tributaria que el gobierno de Michelle Bachelet está llevando adelante no tenga un efecto progresivo sobre la distribución de los ingresos en Chile, ya sea vía recaudación y/o gastos.
 
Y es que la situación en la que nos encontramos es extrema: por un lado, la mercantilización de la vida ha llegado a niveles nunca antes vistos en la historia nacional; y por el otro, la expansión mercantil ha tenido un resultado completamente predecible, un aumento radical de la desigualdad: el 0,01% más rico de la población concentra el 10% del ingreso personal total, mientras el 75% de los hogares tiene un ingreso que no supera los $797.000 pesos. El espacio para las migajas de las clases dominantes a través del Estado es amplio, y pretende hipotecar el desarrollo de las fuerzas del movimiento popular vía (1) reducción delmalestar social a través de una política pública clientelar, (2) esperanzas de un nuevo ciclo político y económico con más participación del Estado y pretensiones emergentes de progresistas de superar lo que el presidente ecuatoriano ha llamado la larga noche neoliberal; y (3) promover una mayor participación para que la ciudadanía pueda opinar del menú preestablecido de las elecciones. Un análisis desde la izquierda de la Reforma Tributaria requiere ir más allá de qué tanto menos miserables serán las condiciones del pueblo en nuestro país, así como también de los cambios en la, siempre impactante, desigualdad de ingresos en el capitalismo (con uno de sus extremos en su forma neoliberal). Resulta necesario pasar de la discusión en torno al ingreso familiar y/o individual, para pasar a una discusión estructural sobre el capitalismo, al hecho de que las personas que viven del trabajo de la gran mayoría de los chilenos están dispuestas a cualquier cosa por mantener su poder. Ya lo hemos visto, pues la Concertación ha venido a hacer madurar un modelo implementado por la dictadura militar, la cual hizo el trabajo sucio de (1) destruir las fuerzas articuladas desde la clase trabajadora durante el periodo anterior, y (2) implementar el proyecto neoliberal en Chile.
 
¿Es el problema la desigualdad? Por las diversas críticas que se han realizado desde la izquierda chilena, eso pareciera. Éstas se han centrado en los límites y en la estrechez de la reforma: que existe una disminución en el global complementario para los más ricos, que se excluyó la tributación sobre el sector minero o que las empresas van a seguir exentas del pago de impuestos en Chile. La crítica del gatopardismo hace su entrada bajo la rúbrica de que todo cambie para que siga todo igual, sin embargo de allí no se ha pasado a lo que realmente queda igual y que se pretende perpetuar bajo un rostro humano con la emergencia del progresismo dentro de la discusión del proyecto de dominación de la clase capitalista chilena. Lo que con las acciones del emergente progresismo queda igual es la correlación de fuerzas entre las clases centrales del capitalismo, la clase trabajadora y la clase capitalista. En momentos donde la fuerza constituida desde la clase trabajadora es sumamente precaria, lo que tiene su expresión en la estrechez de las reformas donde los mayores grupos de presión no han dejado de ser conducidos por sectores clasemedieros, cabe preguntarse cómo y en qué situación deja al movimiento popular las reformas que el gobierno de Michelle Bachelet está llevando adelante.

 

Bajo la impronta progresista se pretende llevar la discusión en torno a (1) la oposición Estado y mercado, enfocando el debate en (2) la mejora de las condiciones de vida de la población y en disminuir la aberrante desigualdad nacional. Este discurso resulta atrayente para diversos compañeros honestos que con su trabajo cotidiano buscan construir una sociedad mejor, sin embargo sus peligros no son menores como ya se ha planteado hasta aquí. Y es que (1) la oposición no es Estado y mercado, pues más que oponerse, el Estado burgués se articula para posibilitar la acumulación y predominio del capital, manteniendo la tan necesaria cohesión social en la población. Además, un Estado más fuerte y un retroceso del mercado no implican mecánicamente mejores condiciones para la organización popular. La construcción de organizaciones que aspiren a la superación del predominio del capital no tiene atajos y debe ser enfrentada directamente a través de un trabajo que es arduo, cotidiano y, la gran mayoría de las veces, poco satisfactorio al corto plazo.


Y respecto a (2) la mejora de las condiciones de vida, esto no se reduce a los niveles de ingreso y de consumo, con las consecuentes y miserables estadísticas en torno a múltiples líneas de pobreza; sino quedebe ser analizado desde las reales posibilidades que tenemos de construir y mejorar nuestras propias vidas, y no simplemente de recibir las siempre fluctuantes migajas del chorreo capitalista. Esto va más allá de controlar el tiempo o el contenido del trabajo propio, verdaderos límites cotidianos del trabajo alienado, pues implica el que desarrollemos las capacidades de construir las poblaciones donde vivimos, los colegios donde estudiamos y los centros de salud donde nos atendemos. En este sentido, ¿hasta qué punto las reformas promovidas por Michelle Bachelet mejoran la vida de las personas? ¿Hasta qué punto nos permite avanzar en ser dueños de nuestra vida? ¿Hasta qué punto nos dejan en una mejor posición como movimiento popular para poder avanzar más allá de los límites que el capital está dispuesto a ceder frente a lo que, hasta ahora, han sido demandas más bienclasemedieras y que han sido en su mayoría incorporadas al programa bacheletista?


Y es que ya lo hemos visto, quienes viven y se apropian del trabajo de la gran mayoría tienen un amplio espacio para mejorar las condiciones del pueblo en Chile, sin embargo su límite está y estará dado por las fuerzas que pueda desarrollar la clase trabajadora tanto para avanzar en mejores condiciones de vida y en las posibilidades de la democracia burguesa, como para ir más allá de los límites a los que tales fuerzas están condenadas bajo la primacía del capital.

 

Manuel García – Ingeniero Comercial, Universidad de Chile
Sebastián Link – Lic. En Antropología, Mg © en Análisis Económico, Universidad de Chile

El conocimiento como herramienta revolucionaria

Existe una pregunta central que siempre debe ser respondida ¿Por qué investigar sobre nuestras sociedades y la condición humana? ¿Existe una necesidad primordial de investigar nuestra sociedad para luchar por ella? ¿Cómo el conocimiento de nosotros, la condición de emancipación y la construcción de una sociedad puede aportar a la lucha social? 

Para aquellos involucrados en la investigación social la respuesta es usualmente obvia, sin embargo encierra una simpatía por lo que se hace, que todos tienen con respecto a sus actividades.  Por lo cual, debemos identificar de forma clara qué es lo que se puede conocer y qué utilidad nos plantea, para poder entender a qué rol se convoca cuando se plantea lo que tradicionalmente se conoce como lucha ideológica.

En primera instancia, podemos señalar que el capitalismo tiene ciertas regularidades dentro de los procesos que lo conforman (procesos políticos, económicos y culturales). Estos procesos son reales y objetivos; es decir, son independientes de quienes lo observan y son propios del capitalismo. Por ello, el conocimiento de esas regularidades es un marco mínimo para la toma de decisiones de estrategia y táctica. Lamentablemente, muchos de estos procesos no son directamente aprehensibles en nuestra experiencia inmediata (en nuestras posiciones y roles que llevamos a cabo todos los días), sino que las personas debemos usar esas experiencias y generar un conjunto de nuevas experiencias (mediante herramientas de investigación) para poder dar cuenta reflexivamente de cómo estos procesos políticos, económicos y culturales operan (tanto en armonía, como en contradicción), y cómo afectan nuestras vidas y la posibilidad de liberarnos de la explotación y dominación, de la miseria en que vivimos.

La realidad externa de estos procesos obliga, pues, a que el conocimiento de estos procesos dé una ventaja estratégica en la toma de decisiones, pero también permite estimular la consciencia de clase, puesto que uno de esos procesos es lo que denominamos la “lucha de clases”, elemento que se expresa tanto de manera evidente (en conflictos sociales) y de forma invisible (sueldos, dominación, ideología, entre otros).

Por lo tanto, derrotar y superar el capitalismo es un proceso que necesita de un conocimiento de sus procesos y de sus regularidades. En primera instancia, como un conocimiento predictivo de lo que va a suceder y, en segunda, como una estimulación a la consciencia de clase, basada no tan solo en cómo es la sociedad y cómo puede ser, sino también en cuáles son los parámetros de lo humano y su emancipación.

Con respecto a los objetivos de esta tarea, lo primero es entender los fundamentos del capitalismo y participar en la construcción de un movimiento popular. Esos dos objetivos están relacionados, pero no son estrictamente lo mismo. Lo primero habla de las regularidades y su evolución, lo segundo habla de la subjetividad proletaria, las posibilidades de acción colectiva y los efectos sociales de esta acción social en diferentes contextos.

El primer objetivo nos lleva a una conciencia teórica de este fenómeno histórico conocido como capitalismo. Es una tarea descubrir cómo funciona y cómo hemos de comprenderlo en su unidad y su variedad, pero también la conciencia de sus fundamentos. Ello obliga a pensar en aquellas sociedades pasadas, presentes y futuras que no han sido capitalistas, especialmente en cómo sus regularidades se conectaban con una ética de lo humano y la posibilidad concreta del desarrollo de ésta.

El segundo camino nos lleva a la construcción de una estrategia y un proyecto político, no tan solo como un mecanismo técnico de evaluación y predicción, sino también en la reflexión de la superioridad de la ruta revolucionaria y la meta socialista. Nos lleva a considerar y reflexionar sobre lo moral y lo político en la constitución de un movimiento como fuerza revolucionaria.

(Esto es un extracto de nuestro texto teórico con respecto al papel de la investigación social en las luchas del movimiento popular Descargar)

Movimientos revolucionarios y lucha ideológica

La investigación sobre las revoluciones tiene como objetivo conocer cómo son los procesos de lucha popular que se han gestado dentro de formaciones sociales históricas, especialmente a lo referente al rol que han jugado los intelectuales. 

Esto tiene como orientación práctica conocer las posibilidades que tenemos como investigadores, intelectuales y teóricos de participar en el movimiento popular, principalmente pensando en cómo se puede construir lucha ideológica.


La investigación en su metodología revisa las experiencias de Vietnam (1890-1970), México (1840-1920) y Etiopía (1940-1980) mediante documentos históricos, sociológicos, etnográficos y económicos. Además, se propone un mecanismo de análisis que permita identificar desde un punto de vista cultural qué influencia ejercieron los sujetos históricos especialmente aquellos que están involucrados en los aspectos ideológicos de las sociedades descritas.

Ficha México
Ficha Etiopía

UP: Proyectos Políticos en Disputa y Agudización de la Lucha de Clases

Fragua presenta una serie de textos que reúne la transcripción de los foros que realizamos periódicamente con miras a aportar en la construcción de un debate en torno a las tareas del movimiento popular hoy en Chile. Esto requiere de un trabajo que no solo lleve a la generación de un debate en la esfera de las ideas, sino que también a su despliegue y desarrollo en nuestra práctica política como miembros del movimiento popular.

 

Esta presentación corresponde a lo expuesto en el foro “UP – Proyectos Políticos en Disputa y Agudización de la Lucha de Clases”, organizado en Septiembre de 2013 por Fragua y que contó con la participación de Rafael Agacino –Economista, Plataforma Nexos– y Sebastián Link –Antropólogo, Fragua.

 

La reflexión en torno a la Unidad Popular, como lo demuestra la serie de foros, charlas y conversatorios a 40 años del Golpe de Estado cívico-militar, tiende a encontrarse reducida a la violación de los Derechos Humanos, con un enfoque victimizante de quienes lucharon por la construcción del socialismo en Chile y, en general, ocultando dicha lucha; o a un análisis partidista institucional donde las orgánicas y prácticas emergentes de la clase obrera quedan relegadas a un tercer plano. Con este foro pretendemos insertarnos en la reflexión en torno a la Unidad Popular bajo un análisis clasista, entendiendo dicho proceso como el momento más álgido de la lucha de clases en Chile en el siglo XX.

 

Bajo esta clave interpretativa, los expositores desarrollaron una serie de temáticas que permiten abordar científicamente el periodo de la Unidad Popular. Rafael Agacino analiza la política económica del gobierno a la luz de los límites del patrón de acumulación de industrialización por sustitución de importaciones, derivando en aquella coyuntura clave de final del primer año de gobierno donde, en palabras del economista, fue la hora de la política: “el momento estelar de la política significa que en cinco minutos, así como la tele en dos minutos te puede borrar la conciencia de cuarenta años de proceso político, también en los momentos estelares de la lucha de clases la conciencia se desarrolla aceleradamente”. En dicha hora dos apuestas se confrontan, aquella de la radicalización del proceso de expropiación de Vuskovic y aquella del “inviertan, crean en nosotros” de Millas, donde finalmente prevalece la respuesta reformista.

 

Por su parte, Fragua, representada por Sebastián Link, realiza un análisis del proceso de aceleración de acumulación de fuerzas por parte de la clase trabajadora. Además, postula lo que considera una serie de errores comunes en el análisis del periodo de la Unidad Popular, entre los que se destaca la reducción del proceso a la inevitabilidad del Golpe de Estado, la constitución de los polos etapistas y radical como causa central de la derrota, y el nacionalismo metodológico que olvida la realidad en el globo y en otros países, especialmente en América Latina. Finalmente, se incorpora las opiniones y los comentarios esbozados por el público asistente, el cual pretendió iluminar la relevancia del boicot norteamericano y del capital en términos globales, así como también de la problemática de las Fuerzas Armadas para todo movimiento con intención revolucionaria.

 

Con estas publicaciones, Fragua espera contribuir a la acumulación de poder por parte de la clase trabajadora y sus aliados, lo que se ha tendido a llamar movimiento popular, a través de la acumulación de conocimiento científico respecto de las luchas pasadas. El desarrollo de teoría revolucionaria se vuelve una necesidad, pues como dijera Lenin varias décadas atrás, “sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario”.

 

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