Fragua

Fragua

Nota 01: Apuntes para evaluar la fortaleza de los movimientos sociales y populares

En el último apartado de “El Manifiesto Comunista”, Karl Marx y Friedrich Engels (1848) reflexionaban en torno a las políticas de alianza de los comunistas. Al respecto, daban cuenta de alianzas con las burguesías que luchaban contra las fuerzas reaccionarias, las que podían sostenerse con la claridad de que una vez estas últimas fueran derrotadas, la lucha de los comunistas versaría contra las primeras. Esta lucha implica que la preocupación por la acumulación de poder debiese ser una preocupación constante, “sin dejar un solo instante de laborar entre los obreros”; sin embargo, aquella preocupación se vuelve, en determinados periodos históricos, la preocupación central del periodo. Es el caso del Chile actual, donde la recomposición del movimiento popular se vuelve el objetivo estratégico del periodo.

 

La dictadura cívico-militar y el largo periodo transicional han tenido por resultado un movimiento caracterizado por su debilidad, anclada en la destrucción del tejido social de los hogares, en la débil organicidad a todo nivel, en la ausencia de partidos políticos como herramienta del pueblo, y en la destrucción de la plataforma de recursos que permitiera su coordinación para la lucha por una vida mejor. Pese a lo anterior, en el actual ciclo de movilizaciones abierto el 2006-07, se ha caído en la ilusión de un avance del pueblo. Las movilizaciones masivas y recurrentes en el último periodo, han hecho suponer un avance del movimiento. Analistas, investigadores y opinólogos de izquierda han caído en dicha ilusión toda vez que tras cada movilización (pingüina, universitaria, Freirina, Magallanes, Aysén, Chiloé, etc.) se exaltan y lanzan lecturas grandilocuentes del “ahora es cuando”. El progresismo ha sido la corriente política más entusiasta con estos sucesos (tanto dentro como fuera de la Nueva Mayoría) y se han auto-atribuido el rol de “continuar con la posta”, llevando las demandas del pueblo al Estado burgués. Dicen ver una oportunidad para mejorar la vida de todos y, por eso, se constituyen como partidos y pactos políticos con distinto nombre (Todos a la Moneda, Vota AC, Frente Amplio, Nueva Mayoría, etc.) para disputar el sistema político.

 

Organizaciones del pueblo son coaptadas por el progresismo y son orientadas a escaramuzas en las que tarde o temprano fracasarán. Y es que pueden llevar adelante un programa progresista que efectivamente mejore las condiciones del pueblo, sin embargo, caerán rendidos a las crisis económicas y a los contragolpes del enemigo. Esto porque, actualmente, el movimiento es débil y el enemigo es poderoso. Es en este marco que como centro de investigación Fragua publicamos la siguiente nota, cuyo objetivo es presentar los criterios que utilizamos para evaluar la fortaleza y debilidad de los movimientos sociales basados en los principales hallazgos del Programa de Investigación Político Científico “Movimientos populares y sociales”. Esto con miras a aportar a lo que consideramos una evaluación necesaria a la hora de construir nuestras tácticas y estrategias. Considerando todo lo anterior es que sostenemos que solo el fortalecimiento del pueblo, es decir el desarrollo de una capacidad creciente de control sobre las relaciones sociales en que nos involucramos, permitirá llevar adelante las transformaciones que necesitamos. 

 

Descarga la nota completa

LO POPULAR COMO UNA CLAVE TEÓRICA NECESARIA PARA LA REVOLUCIÓN

Actualmente, bajo la sombra que imponen las “grandes mayorías” en los movimientos sociales y la amplia –y difusa- clase media, el hablar de “Lo popular” parece anacrónico y pierde centralidad. Pese a la relevancia que tuvo en los orígenes de la ciencia social chilena, no solo como problema científico sino que también político, “Lo popular” parece desalojado del sentido común desde el retorno a la democracia en los años 90. 

Lo popular como fenómeno es un aspecto clave en la dinámica de la lucha de clases, puesto que representa e identifica a la fuerza social que históricamente se ha movilizado para enfrentarse a los intereses de la clase dominante. Es por esto que el primer desafío de nuestro Programa de Investigación Científico y Político sobre Movimeinto Popular y Movimiento Social fue el estudio de lo popular, y los resultados derivados de él son los que se presentan en la serie de Documentos de trabajo que introducimos en este documento.

La primera serie de working papers que introducimos acá, se avoca a la resolución de dos problemas teóricos íntimamente relacionados con la noción de lo popular: los sectores populares y los movimientos populares. El realizar una investigación teórica no es un desafío menor, en la medida que hoy en día el hacer teoría es también algo anacrónico y poco relacionado con las visiones hegemónicas de cómo conocer la realidad. La ciencia que se valora en los medios académicos está cada vez más vinculada a la investigación empírica y actualista de los fenómenos, dejando como un contexto o “dato” la teoría. Y son estas visiones hegemónicas las que observamos en la literatura que aborda lo popular como problema científico. Visiones que, cómo hemos visto en las investigaciones revisadas, limitan los hallazgos que se pueden hacer sobre este tema, ya que existe un constante problema para dilucidar qué son los sectores populares y el movimiento popular, como categorías que denominan entidades reales. La razón de esto es que es precisamente la teoría la que permite acceder a las entidades reales, ya que es un ejercicio de abstracción que conlleva a develar los mecanismos y estructuras que están detrás de las apariencias que cambian constantemente. Por esto mismo, es la teoría la que permite acumular un conocimiento de lo real, que vaya más allá de los cambios o transformaciones actuales, y es por esto también que se hace necesario una teorización de lo popular, que devele los mecanismos y estructuras que lo definen, sobre todo en una sociedad como la chilena que se ha transformado radicalmente en el último tiempo.

Esta producción teórica es un primer paso para encarar esta misión. La investigación que presentamos nos orienta táctica y estratégicamente para avanzar en la superación del capitalismo, dándonos herramientas para romper con la desigualdad y dominación que existe. Es en este marco, que afirmamos que lo popular es un ámbito fundamental de estudio, porque no solo cumple un rol central para explicar la dinámica de las sociedades capitalistas actuales, sino que también en una táctica que permita realizar la revolución. 

 

RESUMEN

INTRODUCCIÓN (mayo 2017)

CAPÍTULO 1 (Junio 2017)

CAPÍTULO 2 (Junio 2017)

CAPÍTULO 3 (julio 2017)

 

 

Seminario Ciencia y Transformación Social

 

banner 


Expositores                             
Comité Organizador                               Inscripción 

 

Extendemos la invitación al "Seminario ciencia y transformación social: reflexiones sobre el quehacer de la investigación", en busca de generar un espacio de reflexión y debate en torno a los roles que competen a la investigación social. En específico, en el despliegue de las luchas populares y sociales contra las relaciones desiguales que sostienen la dominación y explotación en nuestra sociedad. 

 

Este tema se propone a partir de la necesidad de construir una alternativa de investigación científica que se encuentre orientada por los intereses de los/las trabajadores, el movimiento popular y sociales. Hoy en día vemos que hay dos formas de hacer ciencia. Por una parte, hay investigaciones que quedan en un acto de denuncia y crítica ideológica y por otra, los investigadores quedan enclaustrados en debates academicistas. De esta forma, pareciera desvanecerse cualquier intento de generar investigación políticamente comprometida, por lo que urge preguntarse por la relación entre ciencia y política.  

 


Cronograma 


Jueves 23 - Salón de Honor

 

Mesa 1 - 15:00-17:30

Ciencia y Transformación Social. Reflexiones en torno al quehacer de la investigación

 

Expositores

Carolina Ávalos – Reprofich – Filósofa

Dasten Julián – GetSur, U. Católica de Temuco – Sociólogo 

Sebastián Link – Fragua –Antropólogo 

Alejandra Poch – USACH – Bioquímica

  

Comentaristas 

Juan Miguel Chávez – U de la Frontera – Sociólogo

 

Mesa 2 - 17:45-20:00

Las clases dominantes chilenas en el actual ciclo político: una mirada desde la investigación

 

Expositores 

Hassan Akram – Economista y sociólogo 

Rolando Álvarez – USACH – Historiador 

Matías Jaramillo – Fragua – Sociólogo

 

 

Comentaristas

Fernando Atria – U de Chile – Abogado 

Rosario Olivares – Reprofich – Filósofa 

Verónica Valdivia – UDP – Historiadora

 

 

 

Viernes 24 - Salón de Honor

 

Mesa 3 - 10:00-13:00

Lo popular en el actual ciclo de movilizaciones: una discusión estratégica 

 

Expositores

Mónica Iglesias – U de Valparaíso – Socióloga

Miguel Pérez – U Alberto Hurtado – Antropólogo

Juan Carlos Ruiz – CEDEUS, PUC – Sociólogo

Lidia Yáñez – Fragua – Socióloga

 

Comentaristas

Alexis Cortés – U Alberto Hurtado – Sociólogo

María Emilia Tijoux - U de Chile- Socióloga

 

Mesa 4 - 14:00-16:30

Crítica a la crítica de los estudios laborales: el movimiento de los trabajadores bajo la lupa de la investigación

 

Expositores

Álvaro Gallorio y Felipe Marchant - Grupo de Estudios del Trabajo desde el Sur, U Católica de Temuco – Sociólogos

Francisca Gutiérrez – OHL-COES, U Alberto Hurtado – Socióloga

Domingo Pérez – OHL-COES, Fondecyt 1150860 – Sociólogo

Alejandra Solar – Fragua - Socióloga

 

Comentaristas

Juan Carlos Montes Cató – Conicet; U de Buenos Aires – Sociólogo

Beverly Silver – The Johns Hopkins University – Socióloga

 

16:45 - 18:15
Conferencia internacional: 

Ciencia y política 

Juan Carlos Montes-Cató – Conicet; U de Buenos Aires – Sociólogo

Beverly Silver – The Johns Hopkins University – Socióloga

 

18:15 - 19:00 
Conversatorio de cierre

 

19:00 - 20:00
Vino de Honor
Casa Central, Universidad de Chile

 

 


 

Descripción mesas temáticas: Descarga el siguiente PDF.

 

Seminario Ciencia y Transformación Social

Como Centro de Investigación Fragua los invitamos a participar del I Seminario "Ciencia y Transformación Social: Reflexiones sobre el quehacer de la investigación". Esta instancia busca de generar un espacio de reflexión y debate en torno a los roles que competen a la investigación social. En específico, en el despliegue de las luchas populares y sociales contra las relaciones desiguales que sostienen la dominación y explotación en nuestra sociedad. 

 

Haga click en el afiche para visitar la página del seminario

 

Seminario Ciencia y Transformación Social

  Extendemos la invitación al "Seminario ciencia y transformación social: reflexiones sobre el quehacer de la investigación", en busca de generar un espacio de reflexión y debate en torno a los roles que competen a la investigación social. En específico, en el despliegue de las luchas populares y sociales contra las relaciones desiguales que sostienen la dominación y explotación en nuestra sociedad. 

“Las tareas del Movimiento Popular Hoy” (Año 2013)

El contexto actual hace muy necesario un debate sobre las tareas tácticas y estratégicas del movimiento popular en Chile. En este año de elecciones hemos visto quiebres de diversa índole en el seno de las fuerzas que se autodefinen como integrantes del movimiento popular.

 

Uno de ellos, por ejemplo, ha sido entre aquellas organizaciones que se plantean concentrar sus fuerzas en apuestas electorales y otras que estiman que la tarea central sigue siendo la reconstrucción del movimiento popular desde la base social.

 

Desde la vocación de investigadores comprometidos con el movimiento popular, los integrantes del colectivo Fragua y del Foro por la Asamblea Constituyente, los invitan a participar en el Foro “Las tareas del Movimiento Popular Hoy”, el martes 26 de noviembre a las 19 hrs. en el Museo Benjamín Vicuña Mackenna, avenida Vicuña Mackenna 94, Providencia. Estaciones de Metro: Baquedano y Parque Bustamante. Exponen: Sergio Grez (Doctor en Historia), Carlos Pérez Soto (Profesor de Estado en Física) y Esteban Nazal (Antropólogo).

 

aficheforo4.jpg

 

Referencias

Foro por la Asamblea Constituyente

 

Inundemos el Debate… que nos estamos quedando secos. Mar para Bolivia, Bolivia para su Pueblo!

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) se declaró competente para establecer negociaciones entre Bolivia y Chile sobre la salida al mar para el país mediterráneo. Esta resolución implica necesariamente que Corte de La Haya no se puede pronunciar sobre los resultados de esta negociación.

 

El impacto generado por la gestión mediática de la Demanda Marítima Boliviana, así como la resolución señalada, han causado una serie de reacciones de toda índole, en la que la “Guerra de las Naciones” se enciende con todo tipo de artillería, desde “memes” (con un contenido altamente ofensivo) por parte del público general, hasta declaraciones grandilocuentes por parte de los políticos de ambos países, como la propuesta de un Feriado en Bolivia o incluso la reacción del Ex – Ministro de Defensa, Jaime Ravinet, quien arenga la trifulca con su frase: “Si Bolivia quiere mar, que venga a buscarlo”.

 

Al momento de escribir esta columna, es poco lo que se sabe sobre las verdaderas consecuencias de trae la demanda boliviana, estancándose el debate en una contienda legal y diplomática. Con todo, es pobre escenario para hacernos una opinión informada y racional, más allá de cómo funcionan jurídicamente las disputas territoriales y cómo se resuelven estas en el plano diplomático. En consecuencia, nos preguntamos: ¿qué efectos tendría en el plano económico y político la una salida al mar a Bolivia? ¿El acceso de mar a Bolivia solo tiene efectos negativos que, en estricto rigor, se reducen a perdida de territorio no utilizado? ¿Qué sucede con la integración entre ambos países? Estamos a oscuras, poco se ha investigado, poco se ha dicho sobre los efectos concretos, positivos y negativos, más allá de las, muchas veces, calurosas discusiones de corte patriótico-nacionalistas.

 

Lo cierto es que las consecuencias para Chile, o por lo menos las mediatizadas al momento, se limitan a que Bolivia utilice territorio que actualmente pertenece al país, pero no aparecen reclamos justificados sobre consecuencias negativas, más allá de la idea de “integralidad del territorio”. No se ha dicho que el efecto en los sectores populares son nulos, y que solo se podrían ver afectados los intereses del Bloque en el poder, al momento que pierden parte de un territorio posible de explotar y, por sobre todo, los capitalistas Bolivianos aumentan su competitividad.

 

Si observamos algunas de las soluciones que se han propuesto para este dilema, como el intercambio de gas por mar, tampoco se ha profundizado en el debate. Poco se ha dicho sobre cómo una negociación que decante en una salida al mar para Bolivia podría favorecer en temas de energía, tan en boga hoy en día por nuestra deficiente matriz energética, así como para las relaciones bilaterales en términos económicos y políticos. Pero este tipo de solución, es decir, transformar la demanda en una transacción económica ¿podría llamarse integración? El proyecto, al parecer, dista de un verdadero contenido, llamémoslo por ahora, bolivariano, ya que la integración tendría un alcance beneficioso para quienes controlan la energía en el país.

 

Es aquí donde se requiere abrir la discusión. Consideramos, por esto, limitada la posición de parte del progresismo chileno (desde el PC a las organizaciones de la Clase Media), que basado en el romanticismo latinoamericanista, hablan de integración y de dar mar a nuestros hermanos. Es fundamental entender que una resolución positiva para Bolivia no es un avance a favor de la integración consciente de los pueblos latinoamericanos y lejos está de ser una victoria para los sectores populares chilenos y bolivianos. En este sentido, se suele recurrir al argumento de que 7 familias son las dueñas del mar chileno, por lo que no es problema entregarlo a Bolivia. No obstante, prácticamente todas las riquezas chilenas pertenecen a privados, pero nadie consideraría viable entregar los recursos minerales a quien los pidiera por el hecho de ser privados. De ahí la Soberanía ocupa el lugar fundamental en esta disputa, la que no puede trasladarse en este debate al enfrentamiento entre intereses de las clases sociales en Chile, dado que esta tarea nos compete como pueblo, en el desarrollo de nuestras demandas y organización.

 

Por su parte, Bolivia, actual ejemplo económico latinoamericano al ser medido por los parámetros de crecimiento y desarrollo propios del paradigma monetarista capitalista, defiende los intereses nacionales, sin duda justificados, pero enconando la discusión en las nociones liberales del Derecho y no en los intereses y las reclamaciones en base a la emancipación de las clases sociales que verían los beneficios directos de la salida al mar.

 

Bolivia, con un crecimiento más elevado que el resto de los países del subcontinente en el último periodo, ha sido objetivo de una alta Inversión Extranjera Directa (IED), mermando los activos de capitalistas nacionales y el Estado. Si bien se ha constituido una robusta nueva burguesía indígena, en una economía que dista mucho de los patrones tradicionales por los que han transitado gran parte de las economías latinoamericanas (basandose en la liberalización de sus mercados y la reprimarización de su economía),mantiene las contradicciones fundamentales del capitalismo rentista, integrando a su relato económico las formas privadas en conjunto con las estatales, comunitarias y cooperativas. De estas emergen nuevos sujetos y nuevos intereses, los cuales integrados al discurso político Boliviano, dan cuenta de carácter del proyecto del MAS, en la que la unidad de las clases pasa a ser una apuesta hegemónica/electoral y no una concesión estratégica por el desarrollo del socialismo “indigenista”.

 

Por otra parte, la modificación del patrón de acumulación Primario Exportador Rentista que, tanto en Chile como en Bolivia, estrangula las posibilidades de desarrollo, no parece ocupar un lugar importante en la agenda del MAS, intensificando la explotación de los recursos naturales, contradiciendo el sentido de equilibrio con la naturaleza, propuesto por el Gobierno.

 

Es en este escenario que la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) da el espaldarazo a la demanda, junto con los sectores agrícolas, agrupados en la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO). Mientras, la CEPB en conjunto con la Cámara Nacional de Comercio (CNC) solicita al Gobierno coordinar acciones para actuar conjuntamente con él. En efecto, el Gobierno y la CEPB conjuntamente elaboraron la Ley de Conciliación y Arbitraje, promulgada en Junio pasado, que garantiza la inversión privada nacional y extranjera a la vez que facilita los trámites para las exportaciones. Pareciera ser que la demanda, mediatiza como de todos los Bolivianos, responde a los intereses de un grupo pequeño de Bolivianos, las clases dominantes en plano económico.

 

Con un desempleo sumamente bajo (alrededor de un 3%), pero con un crecimiento explosivo del empleo informal (85%), la CEPB manifiesta su interés por seguir “acompañando el proceso de construcción de políticas laborales”, vale decir, de la superexplotación. Y es en el marco de alianza entre el Gobierno y los Capitalistas Bolivianos que en julio pasado, Alan García Linera, Vicepresidente de Bolivia,  les ofreció tranquilidad en sus inversiones, para que en conjunto aumenten el PIB de la nación mediterránea.

 

Acceso soberano al mar para Bolivia reescribe las oportunidades económicas para la nación vecina, además de reescribir el imaginario político, pero son los sectores populares los menos llamados a cosechar los beneficios comerciales de esta demanda. La inversión destinada al consumo interno se ve postergada por las “ventas atadas” (principalmente a Argentina y Brasil), lo que requiere cumplir con exportar, reflejando la escasa preocupación por el desarrollo del consumo interno en una nación que, si bien ha avanzado significativamente, aún concentra los males más aberrantes del subdesarrollo y la dependencia. En efecto, las exportaciones estarían de la mano de los rubros donde el sector privado tiene mayor injerencia (Minería, Manufacturas y Agricultura).

 

No nos confundamos. Bolivia con Mar es nuestro anhelo, pero también lo es una Bolivia para su pueblo y un Chile para su pueblo, vale decir, la superación del capitalismo aquí y en Bolivia, en una Latinoamérica donde nuestros pueblos puedan abrazarse libre de retóricas disputas patrioteras.Por ahora nos queda develar el escaso debate en torno a las consecuencias, para dar cuenta de un montado escenario mediático donde los ganadores son las clases dominantes y políticas de Bolivia y Chile. Después de todo, al Gobierno Boliviano le asegura mantener su popularidad y bajar las tensiones entre las clases de ese país, así como al Gobierno Chileno le suma un par de puntos de aprobación ante el desplome de su popularidad.

Presentación

La serie de columnas “Unidad Popular y la Reconstrucción del Horizonte Revolucionario en la Actualidad” se enmarca dentro de la política de reconstrucción del tejido social de las clases populares; pues como parte constitutiva del movimiento popular, como Fragua pretendemos desarrollar mejores lecturas de la realidad que enfrentamos para así poder avanzar a la constitución de fuerzas sociales capaces de llevar adelante un proceso revolucionario.

 

Abordar la experiencia de aquellos años nos permite, por un lado, tener una mejor comprensión de cómo hemos llegado a la situación en que nos encontramos en la actualidad, así como también desnaturalizar la radical descomposición orgánica e ideológica del pueblo; y por el otro, desarrollar capacidades investigativas y reflexivas en Fragua. Así, nos vamos articulando como investigadores sociales militantes, que en nuestro rol dentro del movimiento popular desplegamos la praxis investigativa con compromiso político, rechazando la construcción de lecturas antojadizas y aisladas, así como también aquéllas que se esbozan desde posiciones iluminadas frente a un pueblo que algunos observan como pasivo.

 

Las columnas que aquí se presentan fueron construidas a través de la investigación y el debate conjunto entre los militantes de Fragua, expresando todas y cada una de ellas la perspectiva que como organización tenemos de la realidad nacional. En este contexto, quienes aparecen como autores tuvieron por tarea la redacción de las ideas que colectivamente fueron esbozadas. A su vez, las discusiones fueron desarrolladas sobre la base de la revisión bibliográfica de múltiples textos que abordan el periodo de la Unidad Popular. Entre los textos revisados se cuentan las reflexiones de Hugo Zemelmann, Kalki Glauser, Stefan De Vylder, Peter Winn, Mike González, Julio Pinto, Joan Garcés, Tomás Moulian, Ruy Mauro Marini, Franck Gaudichaud, Olga Ulianova y el trabajo de sistematización de textos de Mario Garcés.

 

Agradecemos el apoyo y los comentarios de Sergio Grez, con quien hemos discutido en más de una ocasión sobre el despliegue y el avance del movimiento popular en el Chile hoy, a través del debate fraterno y entre compañeros.

 

Columnistas de Fragua “Serie UP”

 

Eduardo Bustos
Candidato a Magíster en Gobierno y Gestión Pública, Universidad de Valparaíso
Sociólogo, Universidad de Playa Ancha.

 

Manuel García
Ingeniero Comercial con mención en Economía, Universidad de Chile.

 

Sebastián Link
Candidato a Magíster en Análisis Económico, Universidad de Chile.
Licenciado en Antropología con mención Antropología Social, Universidad de Chile.

 

Esteban Nazal
Licenciado en Antropología con mención en Antropología Social, Universidad de Chile.

 

Marcela Quero
Estudiante de Magíster en Educación mención Currículum, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Licenciada en Antropología con mención Antropología Social, Universidad de Chile.

 

Leonora Rojas
Candidata a Magíster en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos, Universidad Alberto Hurtado.
Licenciada en Antropología con mención Antropología Social, Universidad de Chile.

 

Ignacio Sandoval
Estudiante Master of Arts in Anthropology, Columbia University.
Licenciado en Antropología con mención en Antropología Social, Universidad de Chile.

 

Lidia Yáñez
Estudiante de Sociología, Universidad de Chile.

Estudiar la Unidad Popular y la reconstrucción del movimiento popular hoy

La Unidad Popular ha convocado diversos análisis dada su relevancia para la historia de Chile, así como también por su singularidad en cuanto a la vía que se asume para transitar al socialismo. Al tratar de comprender lo sucedido, es difícil no observar dicho proceso desde la derrota sufrida o desde las posiciones que investigadores actuales asumieron en aquel entonces o asumen hoy. Ambos elementos constituyen problemas en el análisis de lo que realmente ocurrió durante la UP, cuestión que tiene consecuencias en la interpretación de la realidad que enfrentamos.

 

A la distancia, la experiencia vivida se nos aparece como un pasado mítico donde las clases explotadas y/o dominadas tenían niveles de organización y de conciencia que contrastan con la descomposición actual. Sin lo vivido en el proceso de la UP, es imposible comprender la radicalidad de la respuesta capitalista a través de la desarticulación organizativa e ideológica de la clase trabajadora y sus aliados, así como también el exterminio de los sujetos que encarnaban el proyecto anticapitalista. Sin abordar con rigurosidad y sistematicidad el proceso de la UP, es fácil caer en una política que termina por negar el horizonte socialista al no ver en la actualidad fuerzas sociales que tengan la capacidad de llevar adelante el proyecto socialista. Esta columna tiene por objetivo identificar una serie de errores en el análisis del proceso de la UP, los que pretendemos enfrentar en las tesis que se sostienen en este libro bajo la necesaria investigación científica al alero de la tarea estratégica del periodo de la reconstrucción del movimiento popular.

 

“Al mirar al pasado, muchos años después de terminar la lucha por la elección del camino y de haber pronunciado la historia su veredicto sobre el acierto del camino elegido, no es difícil, claro está, revelar profundidad de pensamiento, proclamando la máxima de que las tareas del partido crecen con éste”. (Lenin)

 

 

Dos problemas: reducir el proceso a su desenlace y el análisis identitario de la UP

 

Un primer problema que emerge en el análisis de la Unidad Popular luego de más de 40 años es la reducción del proceso a su desenlace, a la derrota de la clase trabajadora, al golpe de Estado y al ascenso del proyecto neoliberal. Esta reducción tiene múltiples peligros. (1) Un primer peligro es que puede llevar a los investigadores sociales a esmerarse en buscar aquel eslabón que, en última instancia, determinó la derrota; aquella decisión o aquel evento que, si hubiera sido distinto, habría implicado un triunfo de los explotados. Con ello, en lugar de estudiar lo que realmente sucedió, se procede a explicar la derrota desde lo que no sucedió, y se elaboran opciones en las decisiones tomadas por los agentes que, en aquel entonces, no necesariamente estaban disponibles o resultaban razonables. Este tipo de búsqueda vulgariza la historia y las ciencias sociales al reducir la explicación del fenómeno a uno u otro hito, al margen de las condiciones enfrentadas por los agentes y las capacidades que éstos habían desarrollado durante las últimas décadas; al margen de las tendencias históricas objetivas del periodo. Desde este tipo de abordaje es fácil caer en un análisis donde se subsume el horizonte socialista y la estrategia para el periodo a una serie de tácticas que se considera cambian mecánicamente de acuerdo a cómo se va desenvolviendo la coyuntura, que se considera cambian al margen del proyecto de sociedad que encarnaba el movimiento popular. En términos políticos, resolver sobre la rueda las tácticas de uno u otro momento, instala necesariamente a la utopía como horizonte, acogiendo siempre el interés de lo inmediato por sobre los intereses de clase en juego. Este primer peligro, así, se constituye en un politicismo.

 

(2) Un segundo peligro asociado a la reducción del proceso a su desenlace es asumir la inevitabilidad del proceso, es decir se transforma la derrota en una necesidad histórica. Ello puede derivar tanto en negar la lucha revolucionaria y el horizonte socialista, como tendió a ocurrir con la renovación de diversos antiguos revolucionarios; como en reducir las decisiones de los agentes, individuales y colectivos, a leyes históricas fundadas en una presunta ontología del proceso de desarrollo de los modos de producción y despliegue mecánico de las instituciones de la sociedad a partir de éste. Esta reducción conlleva a la elaboración de estrategias y tácticas que se entendían como esenciales y necesarias para todo proceso, sin importar las condiciones específicas de la sociedad en un momento y geografía dados. Este segundo peligro, así, se constituye en un mecanicismo.

 

El segundo problema resulta en el análisis identitario de lo ocurrido, donde los errores y los aciertos de las decisiones tomadas por los distintos agentes son reducidos a la defensa de una u otra postura política, ya sea la que se asumió en la coyuntura de la UP o la que se asume hoy. Este carácter identitario de la discusión lo observamos en Fragua como una de las características de la descomposición del movimiento popular, pues se antepone la defensa de una u otra organización o de uno u otro investigador, a la necesaria construcción de lecturas más correctas sobre la realidad que enfrentamos.

 

 

Nuestra perspectiva: la reconstrucción del movimiento popular y la investigación social

 

De lo hasta aquí abordado se sigue la necesidad de un análisis riguroso y sistemático de lo que realmente ocurrió durante el proceso de la Unidad Popular, que nos permita dar cuenta de las posibilidades abiertas y de las causas de la derrota popular. En primer lugar, como investigadores sociales militantes debemos insertarnos a través de nuestra praxis investigadora en la lucha de clases, asumir una posición del lado de los explotados y, con ello, hacernos cargo de las consecuencias de la producción científica que llevamos adelante. Así, si asumimos, en nuestra condición de revolucionarios, que el horizonte de nuestra época, para la clase trabajadora y la sociedad en su conjunto, es la revolución; ésta se asume como uno de los problemas de primer orden para el movimiento popular y, en su extensión, para los investigadores sociales. Con ello, hacemos frente a la renovación de la teoría marxista, la que ha sido desgajada en las esferas académicas al sustraer su carácter revolucionario y clasista; pero también hacemos frente al espontaneísmo, al entender el horizonte socialista como aquello que define la estrategia y la táctica en un periodo específico, es decir al desplegar el horizonte revolucionario en los problemas cotidianos que enfrentamos día a día. Como dijera Lukacz, se vuelve necesario “tratar todo el problema cotidiano particular en relación concreta con la totalidad histórico social; considerarlos como momentos en la emancipación del proletariado”.

 

Es en esta concreta relación donde nos ubicamos para hacer los análisis, no para juzgar el proceder político de uno u otro agente en el pasado, sino que para levantar aprendizajes tendientes a dar insumos para las luchas populares y sus proyecciones hoy. Así, vamos consecuentemente ligando la ciencia con la política, haciendo de la actividad del investigador, largamente oscurecida por intelectuales inorgánicos, una actividad inminentemente ligada a los procesos de cambio que emanarán del movimiento popular, del que somos parte constitutiva.

 

En segundo lugar, deberemos cuidarnos de no caer ni en el mecanicismo ni en el politicismo, es decir de no caer en la reducción de los procesos a leyes históricas universales, ni en abordar las decisiones tomadas por los distintos agentes al margen de las condiciones que enfrentaban y las herramientas que tenían disponibles. Con ello, el análisis de las columnas que conforman este libro tiende al dualismo analítico, es decir a distinguir claramente la situación que enfrentaron las distintas organizaciones del movimiento popular, tanto en términos ideológicos como materiales; de las capacidades desarrolladas por las fuerzas sociales de la clase trabajadora y sus aliados, y de cómo éstas fueron puestas en práctica en las situaciones enfrentadas.

 

Es en este marco que esta serie de columnas se constituye en una crítica entendida como una herramienta que permita reconocer una velada realidad, que nos permita avanzar con honestidad hacia la historia, haciéndonos cargo del proyecto que cargaron quienes lucharon y dieron la vida por superar la primacía del capital. Así, nuestro compromiso con la revolución en la actualidad acondiciona nuestro rol, el que se fundamenta actualmente en la investigación social; pero con responsabilidad, lo que implica la necesidad constante de reconocer los errores cometidos y desarrollar aprendizajes para la reconstrucción del movimiento popular. Y es que entender lo que ocurrió en el periodo de la Unidad Popular es entender cómo hemos llegado a la situación que enfrentamos hoy; es visualizar las posibilidades que tenemos los explotados de superar la sociedad de clases, de construir una nueva sociedad; es, en definitiva, desarrollar mejores lecturas sobre las condiciones en las que vivimos hoy mediante la producción de conocimiento científico, como investigadores insertos en el movimiento popular.

La tesis del 1%. Primera parte: antecedentes históricos

¿Por qué escribir hoy acerca de la tesis del 1% en el contexto de la formación social chilena?

 

Fundamentalmente, por una cuestión de urgencia política. Sucede que ya hace un tiempo varios discursos políticos autodenominados “alternativos” a la forma de sociedad nacional hoy existente, se plantean en términos de una lucha contra lo que refieren como el 1%. Desde intelectuales cercanos a las filas del partido comunista de vicuña Mackenna, como Manuel Riesco:

 

“También, ciertamente, es la causa principal de la escandalosa desigualdad. No solo de aquella que se verifica al interior de la fuerza de trabajo, que es la que mide la CASEN, que también resulta más desigual que en la mayoría de los países. La desigualdad de verdad, sin embargo, es entre el 99 por ciento de la población que representa la CASEN y el uno por ciento verdaderamente rico que ni siquiera se digna responderla…1

 

Pasando por asiduos colaboradores de la revista Punto Final (por lo general crítica a la deriva actual del pc), como Paul Walder:

“Un muy reciente estudio de los economistas de la Universidad de Chile Ramón López, Eugenio Figueroa y Pablo Gutiérrez nos dice que dentro de la concentración existe algo así como un núcleo más duro e hiperconcentrado. Es en el uno por ciento donde realmente se concentra el ingreso, fenómeno que casi no tiene parangón en otro país2

 

…hasta candidatos presidenciales populares como Roxana Miranda3 y aún ciertas fracciones del movimiento estudiantil universitario (e.g. miembros de izquierda autónoma) hacen uso de la mencionada tesis. Ahora bien, aún si este discurso no es hegemónico dentro de quienes se posicionan del lado de los productores y explotados, el mismo, como hemos intentado mostrar a través de las citas precedentes, logra “peligrosamente” cierta difusión no menor. Decimos “peligrosamente” porque la tesis central de esta nota es que la utilización del mismo en tanto que consigna en las luchas contra lo que existe, lleva a tomar caminos errados en el conflicto actual de nuestra sociedad dividida en clases, esto al menos si los objetivos de quienes luchan  se sitúan del lado de los productores y explotados en búsqueda de libertad e igualdad sustantivas y materiales.

 

La tesis del 1% puede ser comprendida a través de dos series de antecedentes que la explican en su forma actual: a) antecedentes históricos; b) antecedentes estructurales actuales.

 

Dentro de los antecedentes históricos, aquí creemos posible y fértil situarse en el contexto de las luchas clasistas de mediados del siglo pasado, tanto en el espacio de las metrópolis como en el de los satélites. En este contexto, muchas fuerzas que se planteaban como alternativas a lo que existe, formularon ciertas tesis que hoy constituyen gran parte de la base teórica de quienes plantean la necesidad de la lucha contra el 1%.

 

En primer lugar, la idea de la “clase salarial”4. Durante los “treinta dorados”, algunos teóricos ligados al mundo político plantearon la idea de que la lucha más relevante era la de todos aquellos remunerados en forma “salario” contra aquellos no remunerados de esta manera. Así, se construyó un tipo “clasista salarial”, que incluía desde las más altas cúspides tecnoburocráticas de la estructura social, hasta el trabajador manual más depauperado. Esta “clase” (si podemos en realidad denominarla así), en efecto luchaba contra la minoría “no salarial”, minoría que hoy se entiende bajo la denominación del 1%. Esto último es claro en la cita de Riesco que consignamos precedentemente, en la cual este economista considera que la desigualdad verdadera y real es únicamente entre una fuerza de trabajo concebida como 99% y un 1% privilegiado.

 

En segundo lugar, muchos de los teóricos que hablaron acerca de la “clase salarial”, entendían también que la lucha relevante era la de la “mayoría” (entendida ésta como clase salarial, pueblo, etc), exclusivamente contra la “minoría” monopólica del “gran capital”. Esta misma idea es tomada hoy por el periodista Paul Walder, quien ya hace varios años escribe sistemáticamente denunciando la concentración monopólica vigente en nuestra economía nacional; quien, como vimos en la cita de más arriba, ya se ha decantado finalmente por la tesis de la lucha contra el 1%.

 

Ligada a esta idea, estuvo muy de moda por esos años la generalización de la “cuestión pyme” (pequeñas y medianas empresas). Se suponía que la lucha contra los monopolios incluía en el campo desfavorecido no sólo a la pequeñaburguesía y la clase obrera, sino también al pequeño y mediano capital: todos ellos se encontraban, supuestamente, en contradicción estructural con el gran capital monopólico. Esta tercera idea, algo modificada, es cierto –pero no precisamente de una manera racional y políticamente más acertada- , también ha sido tomada por quienes sostienen que la lucha de mayor importancia es aquella que sitúa en el campo enemigo al mentado 1%:

 

“Ciertamente, al igual como ocurrió a lo largo de buena parte del siglo pasado, esta gran transformación solo puede ser dirigida por el Estado, conducido por una nueva coalición desarrollista, de trabajadores manuales e intelectuales, empresarios grandes, medianos y pequeños y funcionarios, civiles y militares. También los trabajadores independientes, pescadores y campesinos…”5


Como puede verse en la cita, no son sólo “Meo” y los progresistas de la concertación quienes sostienen la validez para la lucha actual de la “cuestión pyme”, sino que también teóricos ligados al mundo comunista como Manuel Riesco.

En cuarto y último lugar, un antecedente histórico de relevancia en las tesis acerca del 1%, fue la expresión de la lucha antimonopólica en la periferia. En términos sumarios, quienes luchaban sólo contra el gran capital y los monopolios en los centros capitalistas, en la periferia expresaron su lucha como una cuyo objetivo a mediano plazo era el desarrollo de capitalismo contra las remanencias feudales: en la tesis de la revolución por etapas6, se entendía que al socialismo debía preceder un capitalismo progresista, basado exclusivamente en el plusvalor relativo. No debe sorprendernos, sin embargo, que esta misma tesis sea tomada por uno de los teóricos que abogan en pro de la lucha sólo contra el 1%, como es el ya citado Manuel Riesco:

 

“La abrumadora mayoría del país está de acuerdo con estas medidas (e.g. estatización), puesto que benefician a todos. Incluso a la segregada elite que hoy vive aislada y atemorizada, en un Apartheid que sabe que no puede continuar. Los auténticos empresarios capitalistas serán los principales beneficiados de nivelar la cancha para las inversiones productivas en base al trabajo calificado de los chilenos y chilenas; de hecho, las principales corporaciones rentistas que hoy explotan los recursos naturales de Chile, son extranjeras”7

 

Con respecto a estas cuatro reapropiaciones históricas que realizan los “nuevos” teóricos del 1%, caben cuatro críticas paralelas, las cuales a partir de un marco marxista no son difíciles ni extensas de desarrollar. Primero, en lo que respecta a la “clase salarial”, un análisis de clase marxista apuntaría al menos dos cosas de simple comprensión: a) las clases no se definen ni determinan de forma esencial por su forma de remuneración8; b) las tecnoburocracias salariales (en especial las altas cimas de las mismas) en realidad cumplen la función del capital en la producción9.

 

Segundo, en lo que corresponde a la lucha contra los monopolios: a) se opera con una concepción del término amarxista, en la cual las leyes objetivas del modo de producción capitalista parecieran ya no “pasar por encima de las cabezas de los agentes”, sino que las mismas son manipuladas arbitrariamente por cierto tipo específico de agentes (los monopolios)10; b) se asume la neutralidad de las fuerzas productivas11; c) se opera (al menos “tácticamente”) con una política de alianzas interclasistas (colaboración de clases).

 

Con respecto a lo tercero, si bien se pueden aplicar las mismas críticas hechas para el segundo caso, lo específico de esta tesis es que difumina la diferencia entre la clase pequeñoburguesa y la clase capitalista. Nicos Poulantzas expresa esto de la siguiente manera:

 

“…de otra parte, esfumar, esta vez, las líneas de demarcación de clase entre el capital a secas, la burguesía de una parte, y la pequeña producción manufacturera y artesanal, la pequeña burguesía, de otra. Esto se hace por la introducción subrepticia, en esta escala de magnitud, del término de pequeño capital, que cubre la pequeña burguesía. Se mantiene el término de gran capital con el fin de designar el capital monopolista, al que se limita de hecho la burguesía, y se emplea el término de capas no monopolistas incluyendo en ellas, en una línea de continuidad, el capital medio –el resto de la burguesía- y el pequeño capital –la pequeña burguesía-, y dando entender que todo lo que no es gran capital no pertenece ya a la burguesía. El capital medio se supone así tener, frente al grande, el mismo tipo de contradicciones que la pequeña burguesía frente a la burguesía, y presentaría entonces las mismas posibilidades de alianza con la clase obrera que la pequeña burguesía…Se acredita así el mito de una unidad de las empresas pequeñas y mediana (PME), que no es de hecho sino un medio por el cual el capital no monopolista subordina a la pequeña burguesía apoyándose sobre ella en su lucha contra el capital monopolista y le crea la ilusión de una comunidad de intereses…”12

 

Por último, en lo que respecta a la tesis del desarrollo del capitalismo en la periferia (revolución por etapas), debemos consignar: a) el etapismo en realidad es una elaboración propia de los años 1920s por parte de Tercera Internacional y fue una apuesta táctica que tuvo sentido para la China de esos tiempos, pero que se probó errada en la mayor parte de los casos; b) la tesis de la revolución por etapas supone un mecanicismo no soslayable que niega la discontinuidad que es propia de la dialéctica marxista; c) hablar del desarrollo del capitalismo en lo actual como un objetivo necesario de lucha, supone no comprender que el mismo es siempre explotador (y aún más mediante el plusvalor relativo –mientras más productivo el capital invertido por el capitalista, más alta es la explotación del obrero, estableció Marx en El Capital-) y niega por sí mismo la libertad e igualdad sustantivas y materiales.

 

 

 


http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167


http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=7704&Itemid=5


3 Ver el video de presentación donde la candidata apoyada por el Partido Igualdad desliza posiciones solidarias con la tesis del 1%: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=2mI3asvdSN8


4 Muy ligado a la idea de “clase salarial” estuvo el concepto de “trabajador colectivo” u “obrero colectivo”. Este concepto fue tomado de los escritos de Marx y “deformado” de manera que el mismo se adecuara a las tesis esclerotizadas de la tecnoburocracia de la época, la cual confundía socialismo y capitalismo.


http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167


6 Esta tesis, motejada de “etapista” por críticos de cuño marxista, en realidad imbrica de manera compleja dos vertientes teóricas bien distintas: el desarrollismo derivado de Rostow (“dejar el mundo tradicional y despegar hacia el desarrollo moderno”) y la estrategia de los partidos comunistas alrededor del mundo, los cuales planteaban la necesidad de una etapa burguesa previa a la consecución del socialismo.


http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167. Como se ve en la cita, Riesco implícitamente desliza tesis nacionalistas (su objetivo es el desarrollo de una suerte de capitalismo nacional): esto no es gratuito ya que la expresión periférica de la lucha contra los monopolios (el desarrollo del capitalismo en estas zonas) de hecho se imbricó inextricablemente con la lucha antiimperialista nacional.


8 Aún si la respuesta acerca de la temática de las clases que iniciaba Marx en el último capítulo del tercer volumen de El Capital, parte formulando la cuestión de esta manera, es necesario tener en cuenta que la teoría de las clases marxista no se encuentra allí (en un capítulo que se “corta” en media página), sino en todo el cuerpo del análisis desarrollado por Marx. Así, de los tres criterios formulados por Lenin para definir a las clases (derivados de su lectura de Marx y su apreciación de la realidad concreta del capitalismo de principios del siglo XX), a saber: a) la relación con los medios de producción; b) el papel desempeñado en la organización social del trabajo; c) y la forma y cuantía de la riqueza social apropiada, la tesis de la “clase salarial” pareciera quedarse sólo con la mitad del tercer criterio (la forma de la riqueza apropiada que es entendida como forma de remuneración).


9 Como se ve en la cita anterior, el segundo criterio consignado por Lenin para definir a las clases hace referencia explícita a esta cuestión relacionada con la posición en el proceso productivo. La tesis de la “clase salarial”, que operó con la idea espuria de “trabajador colectivo”, obvia esta cuestión central. Por lo demás, la teoría de las clases marxista desarrollada en el siglo XX precisamente se caracteriza por tratar esta cuestión (ver, por ejemplo, Guglielmo Carchedi y Nicos Poulantzas).


10 La teoría del imperialismo tomada por el neomarxismo yanqui (e.g. Baran y Sweezy) formula este tipo de hipótesis. Las mismas son criticadas de manera certera por infinidad de marxistas (e.g. ver “Valor, acumulación y crisis” de Anwar Shaik).


11 La tesis de la “clase salarial” y la lucha contra los monopolios, en realidad tenía su base en cierta idea bastante difundida en su momento: la homogeneidad entre el mundo soviético y el mundo capitalista en los años 1950s-1960s . Esta supuesta homogeneidad entendía que la lucha necesaria en el capitalismo era sólo contra las remanencias rentistas y monopólicas, en tanto la organización el proceso de trabajo y las fuerzas productivas eran similares en ambos modos de producción –ahora bien, la mentada “homogeneidad”, si bien en lo aparente no se alejaba de la realidad, en verdad no lograba captar que la dinámica de ambos mundos era impulsada por leyes de movimiento distintas (formas de acumulación diferentes)-.


12 Las clases sociales en el capitalismo actual (Nicos Poulantzas).

Página 1 de 4