Foro UP: Proyectos Políticos en Pugna y Agudización de la Lucha de Clases

Esta presentación corresponde a lo expuesto en el foro UP 2013 – Proyectos Políticos en Disputa y Agudización de la Lucha de Clases, organizado por Fragua y que contó con la participación de Rafael Agacino –Economista, Plataforma Nexos- y Sebastián Link –Antropólogo, Fragua.


El texto que se presenta es tal cual fue expuesto por Sebastián Link el día 25 de septiembre en la sede de la CUT. La asistencia contó con alrededor de 60 personas aproximadamente. Próximamente, publicaremos la presentación de Rafael Agacino y los comentarios de algunos asistentes.


La reflexión en torno a la Unidad Popular, como lo demuestra la serie de foros, charlas y conversatorios  a 40 años del Golpe de Estado cívico-militar, tiende a encontrarse reducida a la violación de los Derechos Humanos, con un enfoque victimizante de quienes lucharon por la construcción del socialismo en Chile y, en general, ocultando dicha lucha; o a un análisis partidista institucional donde las orgánicas y prácticas emergentes de la clase obrera quedan relegadas a un tercer plano. Con este foro pretendemos insertarnos en la reflexión en torno a la Unidad Popular bajo un análisis clasista, entendiendo dicho proceso como el momento más álgido de la lucha de clases en Chile en el siglo XX.


En las próximas semanas, estaremos presentando una serie de textos que profundicen en torno a las ideas aquí esbozadas, así como también dejaremos a su disposición columnas de opinion, artículos, fichas de textos, videos y bibliografía pertinente.

 


Lectura General UP

 

Al hablar del proceso vivido durante el gobierno de la Unidad Popular, resulta difícil escapar del planteamiento donde el golpe de Estado cívico-militar era inevitable. Al describir los sucesos vividos en aquel entonces o tratar de explicar la derrota, es difícil no tener en cuenta el trágico final de la experiencia popular. Ahora bien, en esta presentación trataremos de escapar de dicha inevitabilidad, pues pensar aquello es pensar que estamos condenados a la derrota.

 

Dicho esto, pasemos a la presentación. En estos 15 minutos quiero plantear una reflexión que hemos desarrollado en Fragua con respecto a la Unidad Popular. Para ello, realizamos una revisión bibliográfica dentro de la cual destacan los textos de Hugo Zemelman, Kalki Glauser, Stefan De Vylder, Peter Winn, Mike González, Julio Pinto, Joan Garcés, Ruy Mauro Marini, Franck Gaudichaud y el trabajo de sistematización de textos de Mario Garcés. Así, las ideas aquí esbozadas son producto de la reflexión que han desarrollado diversos investigadores sociales sobre la Unidad Popular, así como también de aquella que realizamos como Fragua. Como todo análisis, éste no se haya acabado y pretende ir construyendo un debate dentro de la izquierda chilena que hoy vemos inexistente, salvo ciertas excepciones. A partir de lo anterior, esta presentación está estructurada a través de tres ideas centrales. En primer lugar, entender el proceso de la Unidad Popular enmarcado dentro de la lucha de clases y, con ello, comprender el golpe de Estado como una derrota de la clase y no como fracaso. En segundo lugar, veremos brevemente el tema de las variables y fuerzas internacionales, escapando tanto de la separación radical entre factores externos e internos, así como acercándonos a una visión que incorpore la heterogeneidad propia de América Latina. Y en tercer y último lugar, tratar de romper el mito de la existencia de dos polos claramente constituidos, uno al que se le ha tendido a catalogar de etapista, gradualista, reformista, antimonopolista, etc, y a otro que se le ha tendido a llamar rupturista, radical, revolucionario, ultra, anticapitalista, etc, mito que nace de un análisis que suele mantenerse solo al nivel de los partidos políticos. Para hacer más fácil la exposición y poder nombrarlos, les llamaremos provisoriamente etapista y radical.

 

 A. La Unidad Popular como el momento más álgido de la lucha de clases en Chile

 

El primer punto a tratar, entonces, es entender el proceso de la Unidad Popular como un hito dentro de la lucha de clases en Chile, en tanto el mismo se constituye como el momento más álgido de ésta. Pero, ¿qué queremos decir con que es el momento más álgido de la lucha de clases?

 

1. Uno, queremos decir que el motor de la historia es la lucha de clases, tal como dijera Karl Marx. Es decir, que el motor de la historia es el enfrentamiento constante entre explotados y explotadores, dominados y dominadores, cuestión que se vuelve más evidente dentro del capitalismo en comparación a los modos de producción previos.

 

2. Dos, queremos decir que con la Unidad Popular llega al gobierno una fracción etapista de la clase trabajadora, con la alianza, principalmente, de los dos partidos más fuertes de la clase obrera, el Partido Comunista y el Partido Socialista.

 

3.Tres, al afirmar que éste es el momento más álgido de la lucha de clases en Chile, queremos decir también que el enfrentamiento entre las dos clases antagónicas principales del capitalismo se produjo sin mediaciones y de forma directa en este periodo.


Trabajadores y capitalistas se enfrentaron directamente a través de orgánicas que defendían directamente sus intereses, como lo fueron la Sociedad de Fomento Fabril y la Sociedad Nacional de Agricultura en el caso capitalista, y los sindicatos y cordones industriales en el caso obrero. Este enfrentamiento directo queda en evidencia con el paro patronal de octubre de 1972 y la respuesta obrera y popular en los cordones industriales, las organizaciones campesinas y las organizaciones de pobladores. Ahora bien, ello no implica que solo existieran dos clases, sino simplemente que es el enfrentamiento entre estas dos el que constituye la contradicción central del capitalismo, y que se mostró de forma tan desnuda y descarnada durante los años de la Unidad Popular.

 

4.Y, cuatro, queremos decir que el golpe de Estado cívico-militar no fue contra un gobierno en particular, sino contra el desarrollo y acumulación de fuerza por parte de la clase trabajadora y sus aliados. Aquello lo demuestra la decisión de terminar el gobierno por las armas, cuando la posibilidad de derrocarlo plebiscitariamente se hacía cada vez más plausible; también lo demuestra la espectacularidad del golpe, con un bombardeo de la Moneda mientras dentro de ésta resistía un puñado de personas; y, del mismo modo, lo demuestra los 17 años de dictadura y política del terror a través de la militarización de las poblaciones y la tortura y el asesinato sistemáticamente implementados.

 

En definitiva, cuando decimos que el periodo de la UP fue el momento más álgido de la lucha de clases en Chile, decimos que “el golpe ocurrió porque el creciente nivel de la lucha de clases en Chile llegó a amenazar la existencia misma de la sociedad burguesa” (Mike González, 2001. Cordones Industriales).

 

En este marco general es que decimos que en la experiencia de la Unidad Popular, la clase trabajadora fue derrotada por la clase capitalista en su conjunto, alejándonos de aquellos análisis que ponen el énfasis en el fracaso. Pero, ¿quiénes fueron derrotados por el golpe de Estado? En términos de proyectos políticos, podemos nombrar al menos tres:

 

1. Bajo la estrategia socialista, fueron derrotados:

a.La táctica etapista a través de la política antilatifundista y antimonopolista, liderada principalmente por el Partido Comunista y el mismo Allende.

b. La táctica radical, liderada por algunos sectores del Partido Socialista.

 

 

2. Y, en tercer lugar, fue derrotado también el desarrollismo democrático, impulsado por las clases profesionales, el pequeño capital y funcionarios del Estado y su fuerza orgánica principal, la Democracia Cristiana.

 

En este sentido, el golpe de Estado cívico-militar no solo viene a romper con un gobierno que había facilitado el desarrollo de fuerzas orgánicas de la clase obrera y de sus aliados, sino también con el modelo desarrollista que venía desarrollándose en Chile. Esto se enmarca, sin embargo, en un cambio más global en tanto en aquellos años el mismo modo de produción capitalista entraba en crisis y requería una transformación radical en su modelo de acumulación. Ahora bien, cabe realizar una acotación respecto a la derrota de las capas medias, dícese de las clases profesionales y del pequeño y mediano capital, y del partido que les representaba, la Democracia Cristiana. Pues bien, decimos que éstos fueron triplemente derrotados: en su carácter democrático, en el proyecto de sociedad que defendían y en lo que respecta a la dimensión del poder político.

 

1. Son derrotados en su carácter democrático en tanto éste queda en entredicho al apoyar éstos el golpe de Estado como bloque.

 

2. Son derrotados en su proyecto de sociedad, el que se afinca, principalmente, en la imposibilidad de los sectores medios de desarrollar el proyecto desarrollista democrático con sus propias bases sociales.

 

3. Y, en tercer lugar, son derrotados en tanto pierden el poder político con la pérdida de dirección de sus bases que se han subordinado al gran capital, su exclusión del gobierno dictatorial y la disolución de las instituciones sobre las cuales había tenido tradicionalmente control.

 

En definitiva, el golpe de Estado y la dictadura no solo han traído consigo la destrucción de prácticamente toda la fuerza real que el movimiento obrero y popular había venido acumulando por cuatro décadas, sino que además modifica sustancialmente sus condiciones de existencia y su existencia misma en adelante (Kalki Glauser, 1977, Vamos parando el chamullo.

 

B.Una perspectiva global necesaria

 

La Unidad Popular debe ser entendida como inserta en una realidad y en un proceso que la supera. Se pueden nombrar tres elementos. En primer lugar, la crisis del modo de acumulación capitalista y la crisis de la política keynesiana, que en Chile se expresó con la crisis del modelo de sustitución de importaciones que se venía implementando desde los años 30’. Así, el gobierno de la experiencia de la UP también resultaba ser una apuesta para la resolución de la crisis. De hecho, el éxito económico del primer año, donde se logra un crecimiento de la economía del 8,6%, se controla la inflación que venía en ascenso y se reduce el desempleo, es visto también como un éxito del gobierno con horizonte socialista frente a las propuestas propiamente capitalistas. Un segundo elemento resulta ser el cambio de la política de Estados Unidos en el contexto de la guerra fría, donde la intervención militar directa debía ser cambiada por otro tipo de estrategias. La intervención que hiciera en 1961 en Cuba a través del desembarco en Bahía Cochinos o la intervención en Vietnam en 1966, son ejemplos de la pérdida de sustento de esta estrategia. Así, la política imperialista yanqui será la de la desestabilización, la del fortalecimiento de los grupos contrarrevolucionarios, etc. Como dice Mattelart en la película El Espiral, empiezan a utilizar la teoría de clases para hacer frente al cáncer marxista y pasarán de los militares, a los estrategas y a los cientistas sociales. Además de ello, cito a Glauser, “en verdad, el proceso revolucionario chileno no alcanzó nunca el nivel en que las fuerzas internacionales pueden obrar sin mediaciones y desempeñar por sí solas un papel decisivo”.  Esta necesaria articulación de la política yanqui con los factores internos del país va desmoronando un análisis que separe los factores internos y externos del país, así como también uno que presente a los capitalistas y políticos derechistas chilenos como simples peones del imperialismo, pues finalmente éstos también seguían sus intereses al aliarse con el capital transnacional. Por último, cabe destacar la heterogeneidad latinoamericana con respecto a la lucha de clases, articulándose un desarrollo combinado y desigual entre los distintos países. Decimos “desigual” porque las coyunturas de agudización de la lucha de clases se da en formaciones particulares, como en los casos de Bolivia, Perú y Argentina; coexistiendo temporalmente junto con otras formaciones donde existe un retroceso desde la perspectiva de la clase trabajadora, como en los casos de Brasil con la dictadura iniciada en 1964 y Paraguay con Stroessner desde 1954. Y decimos “combinada”, porque se vive un ciclo parcialmente acumulativo en tanto cada coyuntura concreta de lucha de clases en una formación determinada va influyendo en la coyuntura histórica de lucha de clases siguiente.

 

C.El mito de los polos etapista y radical

 

La tercera idea que quería plantear aquí es el mito de los polos etapista y radical. El análisis del proceso de la Unidad Popular por parte de historiadores y cientistas sociales ha estado marcado por el estudio de los partidos políticos y de sus propuestas, tendiendo a reducir las políticas de gobierno y los desarrollos de la clase obrera y de sus aliados, a las pugnas partidistas. Esto ha permitido que se hable de dos polos, uno etapista representado por el PC, el Partido Radical (al menos la fracción que permanece dentro del gobierno), la Izquierda Cristiana, ciertas fracciones del PS y la figura de Allende; y otro rupturista, representado por la fracción hegemónica de Altamirano dentro del PS, por el MIR y por el MAPU. Incluso ha resultado un acuerdo dentro de estos análisis la centralidad de la radicalización de estos dos polos como una de las causas principales de la derrota de la Unidad Popular. Aquí sostenemos, en primer lugar, que a nivel político es difícil hablar de la constitución de dos polos propiamente tal. Y, en segundo lugar, dicho conflicto a nivel político no se traduce automáticamente en un conflicto dentro de la clase obrera, sino que más bien la influye pero no la determina.

 

Plantear que las fuerzas políticas de la Unidad Popular se hallaban ordenadas en dos polos, sin más, resulta un error. En primera instancia, ello implicaría la conformación de dos propuestas claramente definidas para la construcción del socialismo en Chile, cuestión que dista de la realidad. Por un lado, el polo que se ha llamado etapista sí poseía una política relativamente clara y que se condecía con la política que la Unión Soviética promovía en aquel entonces, sin embargo su contraparte rupturista se constituyó más que nada en oposición al gradualismo y  en su mímica en versión revolucionaria, y no logró formar, en sí mismo, una propuesta política que disputara la hegemonía del movimiento obrero. Así, tal como se pregunta, en términos de autocrítica, el mismo Kalki Glauser, cito: “por qué motivo estos “marxistas-leninistas” -que vivieron todo ese tiempo en Chile- resultaron incapaces, no sabemos por qué, de constituir una “dirección hegemónica”, sino siquiera de hacerse reconocer como dirigentes por el proletariado, y menos aún conducirlo en la constitución de la fuerza revolucionaria real capaz de hacer frente a la fuerza militar burguesa”.

 

Ahora bien, cuando se plantea que esta división estuvo presente en las organizaciones emergentes de la clase obrera durante el periodo de la UP, si bien ello es cierto como queda de manifiesto en una serie de grabaciones sobre las discusiones en las asambleas entre los militantes del Partido Comunista y otros sectores del polo rupturista, esta división solía disolverse en momentos clave como lo fue el caso del paro patronal de octubre de 1972. Y más allá del paro, en entrevistas revisadas de participantes del Cordón Industrial de Cerrillos resalta la autodenominación “allendista” de trabajadores de ambos polos. En la misma línea, los cordones industriales contaron con trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, militantes y no militantes, que se declaraban políticos y otros que se declaraban apolíticos, habiendo incluso trabajadores próximos a la Democracia Cristiana. Este tipo de experiencia va mostrando cierta unidad existente en la clase obrera en aquel momento que va más allá del conflicto que se observaba en la estructura política. Y, por último, cabe acotar que muchas tomas realizadas en el proceso que han sido acusadas de radicalizar o de tensionar el proceso, se articulaban en torno a la realización misma del programa que la Unidad Popular había propuesto.

 

Así, sostenemos que debemos alejarnos de aquellas explicaciones que tienden a buscar culpables de la derrota en uno u otro polo, con acusaciones que tienden a metamorfosear lo ocurrido en el proceso de la UP. Un ejemplo de ello es la acusación contra el MIR de militarista, cuando en términos reales desarrolló una política más bien de trabajo territorial político que propiamente militar, como sostiene Sebastián Leiva; o cuando se le acusa de, cito, “darse como tarea la inmediata destrucción del Estado burgués”, cuando, cito, “el MIR veía en el agudizamiento de las contradicciones interburguesas y en el ascenso inniterrumpido del movimiento de masas rasgos propicios a la conversión de la crisis de dominación burguesa en una crisis revolucionaria” (Ruy Mauro Marini, 1974, Dos estrategias en el proceso chileno). Otro ejemplo es la acusación que se realiza al polo etapista de haber sido una dirección pequeño burguesa, donde Kalki Glauser plantea, que al menos en 1971, no había duda de aquello. Cito, “como si para algún burgués fuese un misterio o estuviese en duda que era el bloque social obrero quien estaba representado, buena o malamente, en el gobierno de Allende” (Kalki Glauser, 1977, Vamos parando el chamullo).

 

Para cerrar, quisiera acotar un último punto. Se debe tener especial cuidado con reincorporar este análisis bipolar a las propuestas electoralistas que surgen hoy en día dentro de la izquierda chilena, como si se asemejaran al polo etapista de antaño, en tanto, uno, el horizonte socialista no es el que prima, sino más bien una actualización del antimonopolismo anclado en, como se tiende a decir irónicamente, la construcción de un capitalismo con rostro humano; dos, en tanto no existe un debate en torno a los medios dado que no hay objetivos claramente definidos sobre los cuales discutir, apelando más bien las candidaturas al movimiento mismo de la política nacional dentro de la institucionalidad vigente; y, tres, en tanto dichas propuestas no poseen fuerzas orgánicas constituidas, y menos de las clases trabajadoras y populares, capaces de sostener los proyectos que plantean.

 

Desarrollo de la Clase Obrera

 

Para abordar el desarrollo que tuvo una clase social determinada a través de sus fuerzas orgánicas y fracciones, se debe tener siempre en cuenta el carácter relacional del concepto de clase. Es decir, la clase obrera existe en tanto existe la clase capitalista, y viceversa, además de ser la contradicción de sus intereses aquella que el capitalismo no puede resolver en tanto le constituye. Por eso, cuando se plantea que la construcción del socialismo debe ser realizada con la hegemonía de la clase obrera, lo decimos principalmente por dos razones. Uno, por cuanto es la clase que posee intereses materiales objetivos para la superación del capitalismo, y, dos, porque es la clase que tiene la capacidad para construir la nueva sociedad. Dicho aquello, aquí analizaremos el desarrollo y la acumulación de poder por parte de la clase obrera teniendo en cuenta siempre cómo interactúa con el capital en el contexto de la lucha de clases.

 

Como idea general, sostenemos que si bien la clase obrera tiene un gran desarrollo orgánico y, con ello, logra una fuerte acumulación de fuerza durante los años de la Unidad Popular, acelerándose un proceso ya iniciado décadas atrás, esta acumulación no logra articularse con las políticas gubernamentales ni partidistas, sobre todo desde el año 1972, y más aún luego de la respuesta al paro patronal del mismo año. Con ello, no se logra, siquiera como objetivo, la búsqueda de un avance sin retorno, así como tampoco se logra cristalizar una transición socialista en la experiencia en tanto, uno, no existió un Estado obrero, aún cuando ciertas fracciones hayan logrado llegar al poder ejecutivo y legislativo; ni, dos, el modo de producción socialista fue el que primó, ya sea desde una perspectiva estatal o cooperativista (De Vylder, 1074, El Chile de Allende).

 

Para abordar la problemática planteada, se desarrollará tres ideas principalmente. Uno, retomaremos la idea de los polos que hemos llamado gradualista y radical, en tanto dicha clave de análisis dificulta más que ilumina los proyectos que existían para la construcción del socialismo en Chile en aquel entonces. En segundo lugar, nos preguntaremos por quiénes eran los beneficiarios de las políticas de la Unidad Popular. Finalmente, en tercer lugar, revisaremos dos hitos donde habría existido posibilidades de cristalizar el proceso, aunque sin pensar con ello que la derrota se debió a no haber tomado dichas decisiones o que con dichas decisiones la clase obrera habría resultado exitosa, sino más bien en la lógica de ir viendo posibilidades de construcción que emergieron en el mismo proceso. Con este tercer elemento, retomaremos la idea central aquí planteada.

 

A. La visión polar como un problema para el análisis

 

Anteriormente discutimos la constitución misma de dos polos, que nombramos provisoriamente etapista y radical, por lo que, para cerrar el argumento, cabe analizar algunos problemas que emergen del uso de esta clave de análisis bipolar para el estudio del proceso vivido en la Unidad Popular. Para ello, entre los diversos dualismos que se ha planteado, abordaremos tres: gradualista / rupturista, vía pacífica / vía armada, y antimonopolista / anticapitalista.

 

La primera oposición se sustenta en el carácter del cambio en el momento de la Unidad Popular, pudiendo derivarse de aquello que había una propuesta que planteaba cierta gradualidad en el tránsito al socialismo mientras el otro proponía el cambio inmediato. Ello resulta un error en tanto ninguno de los sectores planteó que se estuviera, siquiera, frente a una crisis revolucionaria que permitiera el asalto final de la clase trabajadora frente al orden burgués. El más acusado al respecto ha solido ser el MIR, el que, sin embargo, jamás planteó el cambio inmediato, sino más bien la construcción de una fuerza revolucionaria en la clase trabajadora que pudiera enfrentar a la clase capitalista, así como también la agudización de las contradicciones interburguesas, de tal forma de propiciar una crisis revolucionaria desde la crisis de dominación burguesa que observaba.

 

Una segunda oposición ha solido ser la de una vía pacífica y una vía militar. En primer lugar, cabe desechar la posibilidad de una vía pacífica al socialismo en tanto implica la destrucción de la sociedad capitalista y la socialización de los medios de producción que la clase capitalista se ha apropiado. Aquellos actos ya, de por sí, distan mucho de una visión pacífica de la realidad. Un concepto más exacto, al respecto, podría ser, tal vez, el de vía democrática, aunque teniendo en cuenta que aquel carácter democrático remite a la institucionalidad burguesa existente. Y con respecto al polo militarista, en Chile no se constituyó un trabajo militar dentro de la clase obrera significativo, Por ejemplo, el MIR ha sido acusado de haber sido militarista, cuando en su práctica su trabajo fue más bien de carácter territorial y no militar (Sebastián Leiva, 2013, foro LOM – CONFECH).

 

En tercer y último lugar, la distinción antimonopolista / anticapitalista. Aquí sostendremos que ésta es tal vez la más cercana a la realidad si es que uno quisiera distinguir dos proyectos para la construcción del socialismo en Chile. Sin embargo, se debe tener cuidado con dos elementos de la clave de análisis bipolar que hemos planteado anteriormente: uno, el que existieran dos polos propiamente tal, y dos, el que su relación concreta dentro del gobierno de la Unidad Popular fuera la principal causa de la derrota de la clase proletaria. Dejando este argumento de lado, ¿por qué decimos que esta distinción es la que mejor ilumina ambos proyectos?

 

1.Uno, cabe partir de la base que ambos proyectos tienen por objetivo la construcción del socialismo en Chile, así como también plantean una transformación no inmediata.

 

2.Dos, una de las diferencias más significativas entre ambos proyectos era el problema de las alianzas. Por un lado, el bloque antimonopolista pretendía la constitución de “fuerzas populares” que incluían al pequeño y mediano capital. Ello es coherente con la política promovida por la Unión Soviética donde se articula la idea del “Estado de todo el pueblo”, en oposición al Estado proletario, con bases en una visión etapista donde previo al ascenso del socialismo se requiere una revolución democrático burguesa. Pero, ¿por qué no catalogarlo de anticapitalista a secas ya que mantiene el horizonte socialista? Principalmente por el tipo de alianza que pretende constituir con el pequeño y mediano capital, cuyos intereses objetivos están asociados a la mantención del sistema capitalista y no a su derrocamiento. Ahora bien, ello no implica que elementos de las distintas clases puedan integrarse a la lucha desde los intereses de la clase trabajadora, sino más bien se plantea el carácter de una alianza con dicha clase como tal. Por el otro lado, se plantea como anticapitalista el otro proyecto en tanto se articula desde la alianza de la clase obrera con otros sectores explotados / dominados, incluyendo, por ejemplo, pequeños productores o propietarios agrícolas que no asalarizaban o fracciones pauperizadas de las capas medias.

 

3.Ahora bien, un peligro de esta distinción es su interpretación actual en tanto pudiera entenderse el proyecto antimonopolista en la Unidad Popular como, en primer lugar, no anclado en la clase obrera, y, en segundo lugar, como ajeno al horizonte socialista. Como ya hemos planteado anteriormente, ambas interpretaciones las consideramos un error.

 

B. Beneficiarios de las políticas de la Unidad Popular

 

Ahora acotaremos brevemente una idea respecto a los beneficiarios de las políticas de la Unidad Popular. Si consideramos el programa de estatización de empresas, esta política beneficiaba a un poco más del 10% de la fuerza de trabajo. En los sectores rurales, la situación es similar: al año 73′ se constituyen 80 cooperativas agrícolas y permanece una masa de campesinos que no se verá directamente beneficiado por la Reforma Agraria en tanto propietario, aún cuando el gobierno se haya dado a la tarea de completar la reforma agraria con la intención de liquidar a la fracción latifundista. Por otro lado, la gran mayoría de los trabajadores y de los sectores populares recibirá los beneficios de las mejoras salariales y de prestaciones sociales. Con respecto a las mejoras salariales, ello implica también la expansión del consumo, cuestión que se observa en casos como las sábanas de la empresa Ex Yarur que fueron enviadas al sur para el consumo de personas que no habían tenido acceso previamente a dicho bien, generando escasez de sábanas en sus compradores habituales. Con ello, el gobierno pone mayor énfasis en el consumo como mecanismo de movilización de una mayoría electoral que le permitiera la implementación de un conjunto de reformas institucionales sin romper con la continuidad de los mecanismos legales vigentes. En este contexto donde los beneficiarios directos de las políticas de la UP relativas a la producción resultaban ser una fracción menor, no era de extrañar entonces la emergencia de acciones tales como tomas de terrenos o de industrias (a pesar de las trabas impuestas), pues en juego no solo estaba el mejoramiento de las condiciones objetivas, sino que el de llevar a cabo el programa de un gobierno a través del cual ciertas fracciones de la clase proletaria habían llegado al poder ejecutivo.

 

C. La aceleración de la acumulación de fuerza de la clase proletaria

 

La movilización de los sectores populares por parte de la Unidad Popular se insertará en un proceso mucho mayor que se inicia décadas atrás. Un dato de ejemplo, la masa de sindicalizados crecerá de 1964 a 1970 de 271 mil afiliados a 551 mil. Otro ejemplo es el hecho de que, cito, “la CUT nunca planteó la cuestión del control de la producción por parte de los trabajadores antes de la presidencia de Allende, y los líderes sindicales concedían muy escasa prioridad a los problemas de control” (Espinosa y Zimbalist, 1984, Democracia Económica).  Ahora bien, hemos hablado en toda la exposición de la clase proletaria y sus aliados, ya habiendo planteado el por qué de la centralidad de la clase obrera. Sin embargo, debemos alejarnos de una visión restringida de dicha clase y menos reducirla solo al proletariado industrial.

 

Ahora bien, en este contexto, el triunfo de la UP no solo permitirá la movilización a través de los beneficiarios de sus políticas, sino que también a través, entre otros, de dos mecanismos:

 

1.El compromiso de no usar las fuerzas de seguridad del Estado contra el pueblo.

 

2. El compromiso de la UP con los cambios estructurales, la redistribución de la riqueza y la satisfacción de las necesidades básicas de las clases más pauperizadas. Así, al actuar por sí mismos, los trabajadores, los campesinos, los pobladores, los estudiantes, cumplían con el programa de la UP y avanzaban en el proceso revolucionario.

 

Ahora bien, la estructura institucional sobre la que se asentará el gobierno de Allende implicará también limitantes al desarrollo que se experimentaba en las clases populares. Se debe recordar que la Unidad Popular no logra el control total del aparato estatal, como lo demuestran, entre otros, la Contraloría General de la República, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Además, el compromiso radical del gobierno de respeto a la institucionalidad, lo hará mantenerse en una línea que le restringirá la posibilidad de conducción del proceso que emergía desde las bases. Un hito relevante al respecto fueron las elecciones municipales de abril de 1971 donde los partidos de la Unidad Popular obtienen, aproximadamente, un 50% de las preferencias. Aquello abría la posibilidad de la disolución del Congreso y llamado a elección de una Asamblea del Pueblo vía plebiscitaria, avanzando con ello en el programa comprometido. El mismo Allende reconocerá en 1973 el no haber aprovechado esta oportunidad electoral, sobre todo considerando que el Partido Socialista habría presionado para que aquello ocurriera sin lograr su acometido.

 

Un segundo hito lo marca el paro patronal de octubre de 1972, frente al que la respuesta popular se ha planteado como profundamente exitosa. Es en este momento donde el gobierno reconoce los cordones populares, pero también donde éstos se generalizan así como también los comandos comunales, y así como las Juntas de Abastecimiento y Precios se vuelven más activas. Como plantea Hugo Zemelman, es el momento en que closionan materialmente las nuevas formas de poder y de legitimación que desarrollaba la clase obrera y sus aliados. Éste es también el momento donde se expresa la unidad de la clase capitalista, no solo a través de la unidad de sus partidos a través de la Confederación por la Democracia, sino también a través de la participación directa de organizaciones gremiales como la Sociedad de Fomento Fabril. También en la esfera del capital, dada la respuesta de la clase obrera y sus aliados, se produce un quiebre dentro de la estrategia golpista de derrocamiento de los sectores más conservadores, instalándose una línea de centro de derrocamiento a través de las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. La crisis se resuelve, finalmente,  con un cambio de gabinete y el arribo de militares y de dos dirigentes de la CUT al gobierno. EL gobierno seguirá buscando el acuerdo con la Democracia Cristiana, lo que, a su vez, le traerá fuertes diferencias con las fuerzas desarrolladas en el proceso, como queda de manifiesto en enero de 1973 con el plan Millas-Prats donde se propone delimitar el Área de Propiedad Social y la restitución de ciertas empresas ocupadas. El rechazo de los cordones industriales de Cerrillos y Vicuña Mackenna no se hace esperar. Esta dinámica donde ciertos sectores de la Unidad Popular tendrán fuertes aprehensiones con las iniciativas populares y organizaciones emergentes de la clase trabajadora y de sus aliados, hará que ciertos autores como Mike González, desde el estudio de los cordones industriales, planteen, cito, “Con todo lo que hicieron, los reformistas impidieron la organización de la conquista del poder por parte de los trabajadores, porque según ellos eso traería consecuencias negativas. En su ansiedad por salvar a los trabajadores de sí mismos, la Unidad Popular dejó a la clase trabajadora desarmada frente al golpe”.

 

Hemos hablado de estas dos coyunturas específicas fundamentales, como ejemplos de momentos en donde hubo posibilidades para la clase trabajadora de constituirse como fuerza y utilizar la construcción de poder creada hasta el momento, de manera ofensiva y darle un golpe a la fuerza contraria en el enfrentamiento de la lucha de clases. Son dos ejemplos de cómo no se aprovechó ciertas coyunturas donde era posible generar avances sustentados en la organización de la clase.

 

La clase trabajadora durante este periodo logró desarrollar la lucha política, pues participaron de la toma de decisiones y de cómo seguir avanzando y desarrollando los logros alcanzados, también desarrollaron la lucha económica con las tomas de fábricas y las presiones por mejorar su estándar de vida, así como también la emergencia de organizaciones, que apuntaban directamente, desde abajo, a ese objetivo. Sin embargo, se vivió un quiebre en la fuerza orgánica de las clases populares con el asesinato de los cuadros y las dirigencias luego del golpe. Con ello, una reflexión final:

 

Hemos dicho que el gobierno y los partidos de la UP debieron potenciar las fuerzas que acumulaba la clase trabajadora. Y también, cabe plantear, que esas fuerzas deben ser acumuladas en las organizaciones de la clase proletaria. Asi, la relativa autonomía de las dirigencias debe ser abordada por las orgánicas con métodos concretos, pues, repito, es finalmente la organización quien acumula las fuerzas capaces de enfrentar a una clase como la capitalista.

  • - Jueves, 26 Septiembre 2013
  • - 19:00
  • - Diego portales 1100