Jueves, 04 Agosto 2016

Inundemos el Debate… que nos estamos quedando secos. Mar para Bolivia, Bolivia para su Pueblo!

Fragua

Centro de Investigación

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) se declaró competente para establecer negociaciones entre Bolivia y Chile sobre la salida al mar para el país mediterráneo. Esta resolución implica necesariamente que Corte de La Haya no se puede pronunciar sobre los resultados de esta negociación.

 

El impacto generado por la gestión mediática de la Demanda Marítima Boliviana, así como la resolución señalada, han causado una serie de reacciones de toda índole, en la que la “Guerra de las Naciones” se enciende con todo tipo de artillería, desde “memes” (con un contenido altamente ofensivo) por parte del público general, hasta declaraciones grandilocuentes por parte de los políticos de ambos países, como la propuesta de un Feriado en Bolivia o incluso la reacción del Ex – Ministro de Defensa, Jaime Ravinet, quien arenga la trifulca con su frase: “Si Bolivia quiere mar, que venga a buscarlo”.

 

Al momento de escribir esta columna, es poco lo que se sabe sobre las verdaderas consecuencias de trae la demanda boliviana, estancándose el debate en una contienda legal y diplomática. Con todo, es pobre escenario para hacernos una opinión informada y racional, más allá de cómo funcionan jurídicamente las disputas territoriales y cómo se resuelven estas en el plano diplomático. En consecuencia, nos preguntamos: ¿qué efectos tendría en el plano económico y político la una salida al mar a Bolivia? ¿El acceso de mar a Bolivia solo tiene efectos negativos que, en estricto rigor, se reducen a perdida de territorio no utilizado? ¿Qué sucede con la integración entre ambos países? Estamos a oscuras, poco se ha investigado, poco se ha dicho sobre los efectos concretos, positivos y negativos, más allá de las, muchas veces, calurosas discusiones de corte patriótico-nacionalistas.

 

Lo cierto es que las consecuencias para Chile, o por lo menos las mediatizadas al momento, se limitan a que Bolivia utilice territorio que actualmente pertenece al país, pero no aparecen reclamos justificados sobre consecuencias negativas, más allá de la idea de “integralidad del territorio”. No se ha dicho que el efecto en los sectores populares son nulos, y que solo se podrían ver afectados los intereses del Bloque en el poder, al momento que pierden parte de un territorio posible de explotar y, por sobre todo, los capitalistas Bolivianos aumentan su competitividad.

 

Si observamos algunas de las soluciones que se han propuesto para este dilema, como el intercambio de gas por mar, tampoco se ha profundizado en el debate. Poco se ha dicho sobre cómo una negociación que decante en una salida al mar para Bolivia podría favorecer en temas de energía, tan en boga hoy en día por nuestra deficiente matriz energética, así como para las relaciones bilaterales en términos económicos y políticos. Pero este tipo de solución, es decir, transformar la demanda en una transacción económica ¿podría llamarse integración? El proyecto, al parecer, dista de un verdadero contenido, llamémoslo por ahora, bolivariano, ya que la integración tendría un alcance beneficioso para quienes controlan la energía en el país.

 

Es aquí donde se requiere abrir la discusión. Consideramos, por esto, limitada la posición de parte del progresismo chileno (desde el PC a las organizaciones de la Clase Media), que basado en el romanticismo latinoamericanista, hablan de integración y de dar mar a nuestros hermanos. Es fundamental entender que una resolución positiva para Bolivia no es un avance a favor de la integración consciente de los pueblos latinoamericanos y lejos está de ser una victoria para los sectores populares chilenos y bolivianos. En este sentido, se suele recurrir al argumento de que 7 familias son las dueñas del mar chileno, por lo que no es problema entregarlo a Bolivia. No obstante, prácticamente todas las riquezas chilenas pertenecen a privados, pero nadie consideraría viable entregar los recursos minerales a quien los pidiera por el hecho de ser privados. De ahí la Soberanía ocupa el lugar fundamental en esta disputa, la que no puede trasladarse en este debate al enfrentamiento entre intereses de las clases sociales en Chile, dado que esta tarea nos compete como pueblo, en el desarrollo de nuestras demandas y organización.

 

Por su parte, Bolivia, actual ejemplo económico latinoamericano al ser medido por los parámetros de crecimiento y desarrollo propios del paradigma monetarista capitalista, defiende los intereses nacionales, sin duda justificados, pero enconando la discusión en las nociones liberales del Derecho y no en los intereses y las reclamaciones en base a la emancipación de las clases sociales que verían los beneficios directos de la salida al mar.

 

Bolivia, con un crecimiento más elevado que el resto de los países del subcontinente en el último periodo, ha sido objetivo de una alta Inversión Extranjera Directa (IED), mermando los activos de capitalistas nacionales y el Estado. Si bien se ha constituido una robusta nueva burguesía indígena, en una economía que dista mucho de los patrones tradicionales por los que han transitado gran parte de las economías latinoamericanas (basandose en la liberalización de sus mercados y la reprimarización de su economía),mantiene las contradicciones fundamentales del capitalismo rentista, integrando a su relato económico las formas privadas en conjunto con las estatales, comunitarias y cooperativas. De estas emergen nuevos sujetos y nuevos intereses, los cuales integrados al discurso político Boliviano, dan cuenta de carácter del proyecto del MAS, en la que la unidad de las clases pasa a ser una apuesta hegemónica/electoral y no una concesión estratégica por el desarrollo del socialismo “indigenista”.

 

Por otra parte, la modificación del patrón de acumulación Primario Exportador Rentista que, tanto en Chile como en Bolivia, estrangula las posibilidades de desarrollo, no parece ocupar un lugar importante en la agenda del MAS, intensificando la explotación de los recursos naturales, contradiciendo el sentido de equilibrio con la naturaleza, propuesto por el Gobierno.

 

Es en este escenario que la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) da el espaldarazo a la demanda, junto con los sectores agrícolas, agrupados en la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO). Mientras, la CEPB en conjunto con la Cámara Nacional de Comercio (CNC) solicita al Gobierno coordinar acciones para actuar conjuntamente con él. En efecto, el Gobierno y la CEPB conjuntamente elaboraron la Ley de Conciliación y Arbitraje, promulgada en Junio pasado, que garantiza la inversión privada nacional y extranjera a la vez que facilita los trámites para las exportaciones. Pareciera ser que la demanda, mediatiza como de todos los Bolivianos, responde a los intereses de un grupo pequeño de Bolivianos, las clases dominantes en plano económico.

 

Con un desempleo sumamente bajo (alrededor de un 3%), pero con un crecimiento explosivo del empleo informal (85%), la CEPB manifiesta su interés por seguir “acompañando el proceso de construcción de políticas laborales”, vale decir, de la superexplotación. Y es en el marco de alianza entre el Gobierno y los Capitalistas Bolivianos que en julio pasado, Alan García Linera, Vicepresidente de Bolivia,  les ofreció tranquilidad en sus inversiones, para que en conjunto aumenten el PIB de la nación mediterránea.

 

Acceso soberano al mar para Bolivia reescribe las oportunidades económicas para la nación vecina, además de reescribir el imaginario político, pero son los sectores populares los menos llamados a cosechar los beneficios comerciales de esta demanda. La inversión destinada al consumo interno se ve postergada por las “ventas atadas” (principalmente a Argentina y Brasil), lo que requiere cumplir con exportar, reflejando la escasa preocupación por el desarrollo del consumo interno en una nación que, si bien ha avanzado significativamente, aún concentra los males más aberrantes del subdesarrollo y la dependencia. En efecto, las exportaciones estarían de la mano de los rubros donde el sector privado tiene mayor injerencia (Minería, Manufacturas y Agricultura).

 

No nos confundamos. Bolivia con Mar es nuestro anhelo, pero también lo es una Bolivia para su pueblo y un Chile para su pueblo, vale decir, la superación del capitalismo aquí y en Bolivia, en una Latinoamérica donde nuestros pueblos puedan abrazarse libre de retóricas disputas patrioteras.Por ahora nos queda develar el escaso debate en torno a las consecuencias, para dar cuenta de un montado escenario mediático donde los ganadores son las clases dominantes y políticas de Bolivia y Chile. Después de todo, al Gobierno Boliviano le asegura mantener su popularidad y bajar las tensiones entre las clases de ese país, así como al Gobierno Chileno le suma un par de puntos de aprobación ante el desplome de su popularidad.