Jueves, 04 Agosto 2016

Estudiar la Unidad Popular y la reconstrucción del movimiento popular hoy

Fragua

Centro de Investigación

La Unidad Popular ha convocado diversos análisis dada su relevancia para la historia de Chile, así como también por su singularidad en cuanto a la vía que se asume para transitar al socialismo. Al tratar de comprender lo sucedido, es difícil no observar dicho proceso desde la derrota sufrida o desde las posiciones que investigadores actuales asumieron en aquel entonces o asumen hoy. Ambos elementos constituyen problemas en el análisis de lo que realmente ocurrió durante la UP, cuestión que tiene consecuencias en la interpretación de la realidad que enfrentamos.

 

A la distancia, la experiencia vivida se nos aparece como un pasado mítico donde las clases explotadas y/o dominadas tenían niveles de organización y de conciencia que contrastan con la descomposición actual. Sin lo vivido en el proceso de la UP, es imposible comprender la radicalidad de la respuesta capitalista a través de la desarticulación organizativa e ideológica de la clase trabajadora y sus aliados, así como también el exterminio de los sujetos que encarnaban el proyecto anticapitalista. Sin abordar con rigurosidad y sistematicidad el proceso de la UP, es fácil caer en una política que termina por negar el horizonte socialista al no ver en la actualidad fuerzas sociales que tengan la capacidad de llevar adelante el proyecto socialista. Esta columna tiene por objetivo identificar una serie de errores en el análisis del proceso de la UP, los que pretendemos enfrentar en las tesis que se sostienen en este libro bajo la necesaria investigación científica al alero de la tarea estratégica del periodo de la reconstrucción del movimiento popular.

 

“Al mirar al pasado, muchos años después de terminar la lucha por la elección del camino y de haber pronunciado la historia su veredicto sobre el acierto del camino elegido, no es difícil, claro está, revelar profundidad de pensamiento, proclamando la máxima de que las tareas del partido crecen con éste”. (Lenin)

 

 

Dos problemas: reducir el proceso a su desenlace y el análisis identitario de la UP

 

Un primer problema que emerge en el análisis de la Unidad Popular luego de más de 40 años es la reducción del proceso a su desenlace, a la derrota de la clase trabajadora, al golpe de Estado y al ascenso del proyecto neoliberal. Esta reducción tiene múltiples peligros. (1) Un primer peligro es que puede llevar a los investigadores sociales a esmerarse en buscar aquel eslabón que, en última instancia, determinó la derrota; aquella decisión o aquel evento que, si hubiera sido distinto, habría implicado un triunfo de los explotados. Con ello, en lugar de estudiar lo que realmente sucedió, se procede a explicar la derrota desde lo que no sucedió, y se elaboran opciones en las decisiones tomadas por los agentes que, en aquel entonces, no necesariamente estaban disponibles o resultaban razonables. Este tipo de búsqueda vulgariza la historia y las ciencias sociales al reducir la explicación del fenómeno a uno u otro hito, al margen de las condiciones enfrentadas por los agentes y las capacidades que éstos habían desarrollado durante las últimas décadas; al margen de las tendencias históricas objetivas del periodo. Desde este tipo de abordaje es fácil caer en un análisis donde se subsume el horizonte socialista y la estrategia para el periodo a una serie de tácticas que se considera cambian mecánicamente de acuerdo a cómo se va desenvolviendo la coyuntura, que se considera cambian al margen del proyecto de sociedad que encarnaba el movimiento popular. En términos políticos, resolver sobre la rueda las tácticas de uno u otro momento, instala necesariamente a la utopía como horizonte, acogiendo siempre el interés de lo inmediato por sobre los intereses de clase en juego. Este primer peligro, así, se constituye en un politicismo.

 

(2) Un segundo peligro asociado a la reducción del proceso a su desenlace es asumir la inevitabilidad del proceso, es decir se transforma la derrota en una necesidad histórica. Ello puede derivar tanto en negar la lucha revolucionaria y el horizonte socialista, como tendió a ocurrir con la renovación de diversos antiguos revolucionarios; como en reducir las decisiones de los agentes, individuales y colectivos, a leyes históricas fundadas en una presunta ontología del proceso de desarrollo de los modos de producción y despliegue mecánico de las instituciones de la sociedad a partir de éste. Esta reducción conlleva a la elaboración de estrategias y tácticas que se entendían como esenciales y necesarias para todo proceso, sin importar las condiciones específicas de la sociedad en un momento y geografía dados. Este segundo peligro, así, se constituye en un mecanicismo.

 

El segundo problema resulta en el análisis identitario de lo ocurrido, donde los errores y los aciertos de las decisiones tomadas por los distintos agentes son reducidos a la defensa de una u otra postura política, ya sea la que se asumió en la coyuntura de la UP o la que se asume hoy. Este carácter identitario de la discusión lo observamos en Fragua como una de las características de la descomposición del movimiento popular, pues se antepone la defensa de una u otra organización o de uno u otro investigador, a la necesaria construcción de lecturas más correctas sobre la realidad que enfrentamos.

 

 

Nuestra perspectiva: la reconstrucción del movimiento popular y la investigación social

 

De lo hasta aquí abordado se sigue la necesidad de un análisis riguroso y sistemático de lo que realmente ocurrió durante el proceso de la Unidad Popular, que nos permita dar cuenta de las posibilidades abiertas y de las causas de la derrota popular. En primer lugar, como investigadores sociales militantes debemos insertarnos a través de nuestra praxis investigadora en la lucha de clases, asumir una posición del lado de los explotados y, con ello, hacernos cargo de las consecuencias de la producción científica que llevamos adelante. Así, si asumimos, en nuestra condición de revolucionarios, que el horizonte de nuestra época, para la clase trabajadora y la sociedad en su conjunto, es la revolución; ésta se asume como uno de los problemas de primer orden para el movimiento popular y, en su extensión, para los investigadores sociales. Con ello, hacemos frente a la renovación de la teoría marxista, la que ha sido desgajada en las esferas académicas al sustraer su carácter revolucionario y clasista; pero también hacemos frente al espontaneísmo, al entender el horizonte socialista como aquello que define la estrategia y la táctica en un periodo específico, es decir al desplegar el horizonte revolucionario en los problemas cotidianos que enfrentamos día a día. Como dijera Lukacz, se vuelve necesario “tratar todo el problema cotidiano particular en relación concreta con la totalidad histórico social; considerarlos como momentos en la emancipación del proletariado”.

 

Es en esta concreta relación donde nos ubicamos para hacer los análisis, no para juzgar el proceder político de uno u otro agente en el pasado, sino que para levantar aprendizajes tendientes a dar insumos para las luchas populares y sus proyecciones hoy. Así, vamos consecuentemente ligando la ciencia con la política, haciendo de la actividad del investigador, largamente oscurecida por intelectuales inorgánicos, una actividad inminentemente ligada a los procesos de cambio que emanarán del movimiento popular, del que somos parte constitutiva.

 

En segundo lugar, deberemos cuidarnos de no caer ni en el mecanicismo ni en el politicismo, es decir de no caer en la reducción de los procesos a leyes históricas universales, ni en abordar las decisiones tomadas por los distintos agentes al margen de las condiciones que enfrentaban y las herramientas que tenían disponibles. Con ello, el análisis de las columnas que conforman este libro tiende al dualismo analítico, es decir a distinguir claramente la situación que enfrentaron las distintas organizaciones del movimiento popular, tanto en términos ideológicos como materiales; de las capacidades desarrolladas por las fuerzas sociales de la clase trabajadora y sus aliados, y de cómo éstas fueron puestas en práctica en las situaciones enfrentadas.

 

Es en este marco que esta serie de columnas se constituye en una crítica entendida como una herramienta que permita reconocer una velada realidad, que nos permita avanzar con honestidad hacia la historia, haciéndonos cargo del proyecto que cargaron quienes lucharon y dieron la vida por superar la primacía del capital. Así, nuestro compromiso con la revolución en la actualidad acondiciona nuestro rol, el que se fundamenta actualmente en la investigación social; pero con responsabilidad, lo que implica la necesidad constante de reconocer los errores cometidos y desarrollar aprendizajes para la reconstrucción del movimiento popular. Y es que entender lo que ocurrió en el periodo de la Unidad Popular es entender cómo hemos llegado a la situación que enfrentamos hoy; es visualizar las posibilidades que tenemos los explotados de superar la sociedad de clases, de construir una nueva sociedad; es, en definitiva, desarrollar mejores lecturas sobre las condiciones en las que vivimos hoy mediante la producción de conocimiento científico, como investigadores insertos en el movimiento popular.