Jueves, 04 Agosto 2016

La tesis del 1%. Primera parte: antecedentes históricos

Fragua

Centro de Investigación

¿Por qué escribir hoy acerca de la tesis del 1% en el contexto de la formación social chilena?

 

Fundamentalmente, por una cuestión de urgencia política. Sucede que ya hace un tiempo varios discursos políticos autodenominados “alternativos” a la forma de sociedad nacional hoy existente, se plantean en términos de una lucha contra lo que refieren como el 1%. Desde intelectuales cercanos a las filas del partido comunista de vicuña Mackenna, como Manuel Riesco:

 

“También, ciertamente, es la causa principal de la escandalosa desigualdad. No solo de aquella que se verifica al interior de la fuerza de trabajo, que es la que mide la CASEN, que también resulta más desigual que en la mayoría de los países. La desigualdad de verdad, sin embargo, es entre el 99 por ciento de la población que representa la CASEN y el uno por ciento verdaderamente rico que ni siquiera se digna responderla…1

 

Pasando por asiduos colaboradores de la revista Punto Final (por lo general crítica a la deriva actual del pc), como Paul Walder:

“Un muy reciente estudio de los economistas de la Universidad de Chile Ramón López, Eugenio Figueroa y Pablo Gutiérrez nos dice que dentro de la concentración existe algo así como un núcleo más duro e hiperconcentrado. Es en el uno por ciento donde realmente se concentra el ingreso, fenómeno que casi no tiene parangón en otro país2

 

…hasta candidatos presidenciales populares como Roxana Miranda3 y aún ciertas fracciones del movimiento estudiantil universitario (e.g. miembros de izquierda autónoma) hacen uso de la mencionada tesis. Ahora bien, aún si este discurso no es hegemónico dentro de quienes se posicionan del lado de los productores y explotados, el mismo, como hemos intentado mostrar a través de las citas precedentes, logra “peligrosamente” cierta difusión no menor. Decimos “peligrosamente” porque la tesis central de esta nota es que la utilización del mismo en tanto que consigna en las luchas contra lo que existe, lleva a tomar caminos errados en el conflicto actual de nuestra sociedad dividida en clases, esto al menos si los objetivos de quienes luchan  se sitúan del lado de los productores y explotados en búsqueda de libertad e igualdad sustantivas y materiales.

 

La tesis del 1% puede ser comprendida a través de dos series de antecedentes que la explican en su forma actual: a) antecedentes históricos; b) antecedentes estructurales actuales.

 

Dentro de los antecedentes históricos, aquí creemos posible y fértil situarse en el contexto de las luchas clasistas de mediados del siglo pasado, tanto en el espacio de las metrópolis como en el de los satélites. En este contexto, muchas fuerzas que se planteaban como alternativas a lo que existe, formularon ciertas tesis que hoy constituyen gran parte de la base teórica de quienes plantean la necesidad de la lucha contra el 1%.

 

En primer lugar, la idea de la “clase salarial”4. Durante los “treinta dorados”, algunos teóricos ligados al mundo político plantearon la idea de que la lucha más relevante era la de todos aquellos remunerados en forma “salario” contra aquellos no remunerados de esta manera. Así, se construyó un tipo “clasista salarial”, que incluía desde las más altas cúspides tecnoburocráticas de la estructura social, hasta el trabajador manual más depauperado. Esta “clase” (si podemos en realidad denominarla así), en efecto luchaba contra la minoría “no salarial”, minoría que hoy se entiende bajo la denominación del 1%. Esto último es claro en la cita de Riesco que consignamos precedentemente, en la cual este economista considera que la desigualdad verdadera y real es únicamente entre una fuerza de trabajo concebida como 99% y un 1% privilegiado.

 

En segundo lugar, muchos de los teóricos que hablaron acerca de la “clase salarial”, entendían también que la lucha relevante era la de la “mayoría” (entendida ésta como clase salarial, pueblo, etc), exclusivamente contra la “minoría” monopólica del “gran capital”. Esta misma idea es tomada hoy por el periodista Paul Walder, quien ya hace varios años escribe sistemáticamente denunciando la concentración monopólica vigente en nuestra economía nacional; quien, como vimos en la cita de más arriba, ya se ha decantado finalmente por la tesis de la lucha contra el 1%.

 

Ligada a esta idea, estuvo muy de moda por esos años la generalización de la “cuestión pyme” (pequeñas y medianas empresas). Se suponía que la lucha contra los monopolios incluía en el campo desfavorecido no sólo a la pequeñaburguesía y la clase obrera, sino también al pequeño y mediano capital: todos ellos se encontraban, supuestamente, en contradicción estructural con el gran capital monopólico. Esta tercera idea, algo modificada, es cierto –pero no precisamente de una manera racional y políticamente más acertada- , también ha sido tomada por quienes sostienen que la lucha de mayor importancia es aquella que sitúa en el campo enemigo al mentado 1%:

 

“Ciertamente, al igual como ocurrió a lo largo de buena parte del siglo pasado, esta gran transformación solo puede ser dirigida por el Estado, conducido por una nueva coalición desarrollista, de trabajadores manuales e intelectuales, empresarios grandes, medianos y pequeños y funcionarios, civiles y militares. También los trabajadores independientes, pescadores y campesinos…”5


Como puede verse en la cita, no son sólo “Meo” y los progresistas de la concertación quienes sostienen la validez para la lucha actual de la “cuestión pyme”, sino que también teóricos ligados al mundo comunista como Manuel Riesco.

En cuarto y último lugar, un antecedente histórico de relevancia en las tesis acerca del 1%, fue la expresión de la lucha antimonopólica en la periferia. En términos sumarios, quienes luchaban sólo contra el gran capital y los monopolios en los centros capitalistas, en la periferia expresaron su lucha como una cuyo objetivo a mediano plazo era el desarrollo de capitalismo contra las remanencias feudales: en la tesis de la revolución por etapas6, se entendía que al socialismo debía preceder un capitalismo progresista, basado exclusivamente en el plusvalor relativo. No debe sorprendernos, sin embargo, que esta misma tesis sea tomada por uno de los teóricos que abogan en pro de la lucha sólo contra el 1%, como es el ya citado Manuel Riesco:

 

“La abrumadora mayoría del país está de acuerdo con estas medidas (e.g. estatización), puesto que benefician a todos. Incluso a la segregada elite que hoy vive aislada y atemorizada, en un Apartheid que sabe que no puede continuar. Los auténticos empresarios capitalistas serán los principales beneficiados de nivelar la cancha para las inversiones productivas en base al trabajo calificado de los chilenos y chilenas; de hecho, las principales corporaciones rentistas que hoy explotan los recursos naturales de Chile, son extranjeras”7

 

Con respecto a estas cuatro reapropiaciones históricas que realizan los “nuevos” teóricos del 1%, caben cuatro críticas paralelas, las cuales a partir de un marco marxista no son difíciles ni extensas de desarrollar. Primero, en lo que respecta a la “clase salarial”, un análisis de clase marxista apuntaría al menos dos cosas de simple comprensión: a) las clases no se definen ni determinan de forma esencial por su forma de remuneración8; b) las tecnoburocracias salariales (en especial las altas cimas de las mismas) en realidad cumplen la función del capital en la producción9.

 

Segundo, en lo que corresponde a la lucha contra los monopolios: a) se opera con una concepción del término amarxista, en la cual las leyes objetivas del modo de producción capitalista parecieran ya no “pasar por encima de las cabezas de los agentes”, sino que las mismas son manipuladas arbitrariamente por cierto tipo específico de agentes (los monopolios)10; b) se asume la neutralidad de las fuerzas productivas11; c) se opera (al menos “tácticamente”) con una política de alianzas interclasistas (colaboración de clases).

 

Con respecto a lo tercero, si bien se pueden aplicar las mismas críticas hechas para el segundo caso, lo específico de esta tesis es que difumina la diferencia entre la clase pequeñoburguesa y la clase capitalista. Nicos Poulantzas expresa esto de la siguiente manera:

 

“…de otra parte, esfumar, esta vez, las líneas de demarcación de clase entre el capital a secas, la burguesía de una parte, y la pequeña producción manufacturera y artesanal, la pequeña burguesía, de otra. Esto se hace por la introducción subrepticia, en esta escala de magnitud, del término de pequeño capital, que cubre la pequeña burguesía. Se mantiene el término de gran capital con el fin de designar el capital monopolista, al que se limita de hecho la burguesía, y se emplea el término de capas no monopolistas incluyendo en ellas, en una línea de continuidad, el capital medio –el resto de la burguesía- y el pequeño capital –la pequeña burguesía-, y dando entender que todo lo que no es gran capital no pertenece ya a la burguesía. El capital medio se supone así tener, frente al grande, el mismo tipo de contradicciones que la pequeña burguesía frente a la burguesía, y presentaría entonces las mismas posibilidades de alianza con la clase obrera que la pequeña burguesía…Se acredita así el mito de una unidad de las empresas pequeñas y mediana (PME), que no es de hecho sino un medio por el cual el capital no monopolista subordina a la pequeña burguesía apoyándose sobre ella en su lucha contra el capital monopolista y le crea la ilusión de una comunidad de intereses…”12

 

Por último, en lo que respecta a la tesis del desarrollo del capitalismo en la periferia (revolución por etapas), debemos consignar: a) el etapismo en realidad es una elaboración propia de los años 1920s por parte de Tercera Internacional y fue una apuesta táctica que tuvo sentido para la China de esos tiempos, pero que se probó errada en la mayor parte de los casos; b) la tesis de la revolución por etapas supone un mecanicismo no soslayable que niega la discontinuidad que es propia de la dialéctica marxista; c) hablar del desarrollo del capitalismo en lo actual como un objetivo necesario de lucha, supone no comprender que el mismo es siempre explotador (y aún más mediante el plusvalor relativo –mientras más productivo el capital invertido por el capitalista, más alta es la explotación del obrero, estableció Marx en El Capital-) y niega por sí mismo la libertad e igualdad sustantivas y materiales.

 

 

 


http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167


http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=7704&Itemid=5


3 Ver el video de presentación donde la candidata apoyada por el Partido Igualdad desliza posiciones solidarias con la tesis del 1%: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=2mI3asvdSN8


4 Muy ligado a la idea de “clase salarial” estuvo el concepto de “trabajador colectivo” u “obrero colectivo”. Este concepto fue tomado de los escritos de Marx y “deformado” de manera que el mismo se adecuara a las tesis esclerotizadas de la tecnoburocracia de la época, la cual confundía socialismo y capitalismo.


http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167


6 Esta tesis, motejada de “etapista” por críticos de cuño marxista, en realidad imbrica de manera compleja dos vertientes teóricas bien distintas: el desarrollismo derivado de Rostow (“dejar el mundo tradicional y despegar hacia el desarrollo moderno”) y la estrategia de los partidos comunistas alrededor del mundo, los cuales planteaban la necesidad de una etapa burguesa previa a la consecución del socialismo.


http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=16167. Como se ve en la cita, Riesco implícitamente desliza tesis nacionalistas (su objetivo es el desarrollo de una suerte de capitalismo nacional): esto no es gratuito ya que la expresión periférica de la lucha contra los monopolios (el desarrollo del capitalismo en estas zonas) de hecho se imbricó inextricablemente con la lucha antiimperialista nacional.


8 Aún si la respuesta acerca de la temática de las clases que iniciaba Marx en el último capítulo del tercer volumen de El Capital, parte formulando la cuestión de esta manera, es necesario tener en cuenta que la teoría de las clases marxista no se encuentra allí (en un capítulo que se “corta” en media página), sino en todo el cuerpo del análisis desarrollado por Marx. Así, de los tres criterios formulados por Lenin para definir a las clases (derivados de su lectura de Marx y su apreciación de la realidad concreta del capitalismo de principios del siglo XX), a saber: a) la relación con los medios de producción; b) el papel desempeñado en la organización social del trabajo; c) y la forma y cuantía de la riqueza social apropiada, la tesis de la “clase salarial” pareciera quedarse sólo con la mitad del tercer criterio (la forma de la riqueza apropiada que es entendida como forma de remuneración).


9 Como se ve en la cita anterior, el segundo criterio consignado por Lenin para definir a las clases hace referencia explícita a esta cuestión relacionada con la posición en el proceso productivo. La tesis de la “clase salarial”, que operó con la idea espuria de “trabajador colectivo”, obvia esta cuestión central. Por lo demás, la teoría de las clases marxista desarrollada en el siglo XX precisamente se caracteriza por tratar esta cuestión (ver, por ejemplo, Guglielmo Carchedi y Nicos Poulantzas).


10 La teoría del imperialismo tomada por el neomarxismo yanqui (e.g. Baran y Sweezy) formula este tipo de hipótesis. Las mismas son criticadas de manera certera por infinidad de marxistas (e.g. ver “Valor, acumulación y crisis” de Anwar Shaik).


11 La tesis de la “clase salarial” y la lucha contra los monopolios, en realidad tenía su base en cierta idea bastante difundida en su momento: la homogeneidad entre el mundo soviético y el mundo capitalista en los años 1950s-1960s . Esta supuesta homogeneidad entendía que la lucha necesaria en el capitalismo era sólo contra las remanencias rentistas y monopólicas, en tanto la organización el proceso de trabajo y las fuerzas productivas eran similares en ambos modos de producción –ahora bien, la mentada “homogeneidad”, si bien en lo aparente no se alejaba de la realidad, en verdad no lograba captar que la dinámica de ambos mundos era impulsada por leyes de movimiento distintas (formas de acumulación diferentes)-.


12 Las clases sociales en el capitalismo actual (Nicos Poulantzas).