Jueves, 04 Agosto 2016

Trampas de la estrategia institucionalista

Leonora Rojas

Licenciada en Antropología Social, Universidad de Chile. Magíster (c) en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos. Universidad Alberto Hurtado

Nos encontramos a pocos meses de las elecciones y, dentro de la amplia gama de partidos de izquierda, pareciera ser que las opciones son múltiples. Solo es cosa de escoger la que creemos tiene la apuesta más acertada y más acorde a nuestros intereses. De ahí que, para muchos, estemos frente al surgimiento de nuevos partidos de izquierda, una izquierda aparentemente nueva, renovada, con estrategias (y candidatos) novedosas (os) y dotadas de un componente pluralista y ciudadano, en tanto invitan a la participación “ciudadana” en sus diferentes apuestas programáticas. Por su parte, existen otras apuestas que ya se encuentran hace algún tiempo en el campo político, aunque con pretensiones de diferenciarse de la apuesta de la Concertación. Pero, ¿qué es realmente lo nuevo o, en el caso de estas últimas, lo diferente de estas apuestas? ¿Existe, efectivamente, una apuesta novedosa, diferente, con posibilidades reales de construcción de poder?

En ésta y en una segunda columna, abordamos críticamente 3 apuestas políticas pertenecientes a esta nueva oleada de actores de izquierda y la propuesta del Partido Comunista, argumentando que no se caracterizan tanto por su diversidad sino que por su convergencia en una apuesta que, para nosotros, resulta equivocada considerando tanto el contexto político nacional como la coyuntura actual de la lucha de clases en Chile: la construcción de poder mediante la vía institucional.

El Partido Comunista y el Gobierno de Nuevo Tipo1

La propuesta del Partido Comunista (PC) se resume en el término “Gobierno de Nuevo Tipo” (desde ahora GNT) que, en sus palabras, explicita “la vocación de poder de nueva mayoría de chilenos y chilenas que se proponen avanzar decididamente en la ruptura del neoliberalismo, e impulsar desde el Estado y la sociedad civil, las transformaciones democráticas que las anteriores administraciones concertacionistas nunca quisieron emprender. En otras palabras, los comunistas aspiramos a instalar un gobierno democrático y de justicia social que marque el fin del actual ciclo de dominio del neoliberalismo”.Este GNT tendría su fundamento en una alianza interclasista cuyo objetivo principal es la instalación de lo que el PC denomina un “gobierno posneoliberal”, el cual asienta la necesidad de democratización del Estado, el cambio en la política social y la redefinición de la explotación de los recursos naturales.

Se plantea que la derrota del “neoliberalismo” será producto de una convergencia y articulación entre diferentes actores sociales y políticos, entre los que se encuentran desde la burguesía nacional, que supuestamente estaría dispuesta a ser parte de las políticas democratizadoras, hasta la clase trabajadora. Dentro de esta pluralidad de actores, en el que identificamos diversos intereses de clase, el PC propone que es posible una hegemonía de los sectores ‘progresistas’ debido a una correlación de fuerzas favorable inaugurada por el movimiento social por la educación desde el 2011.

Ahora bien, ¿cuál es el problema de la alianza con sectores, supuestamente, progresistas de la burguesía chilena? Creemos que este tipo de apuestas basa su premisa en una lectura errónea del capitalismo neoliberal, la cual tiene como elemento central la suposición de que el conflicto entre capital financiero y capital nacional se configura como el conflicto fundamental dadas las condiciones actuales, y que esto deviene en que las fracciones de la burguesía nacional sean de carácter progresista2. Más allá de los problemas teóricos que conlleva esta afirmación, considerar que la Concertación ya alberga en su seno ciertas fracciones de la burguesía nacional desde hace varios gobiernos, sin por ello haber devenido en un gobierno de carácter progresista, resulta un elemento clave para afirmar lo errado del supuesto. Esta lectura también se demuestra errada cada vez que la Democracia Cristiana, partido insigne de la burguesía nacional, se muestra más reacia a conformar una alianza con el PC.

La superación del capitalismo requiere la construcción de una fuerza social que permita y sirva de base a este proceso.La pregunta que queremos plantemos es si, efectivamente, solo y privilegiando los espacios desde la política formal es posible generar una acumulación de fuerzas para realizar los cambios radicales que permitan la erradicación del capitalismo. En primer lugar, las limitantes del sistema formal son conocidas, por lo tanto los cambios que puedan realizarse dentro de él resultan poco relevantes sin la existencia de una organicidad fuerte del movimiento popular y, justamente, limitados. Podemos recordar como ejemplo la existencia de tres parlamentarios del PC, quienes más que llevar a cabo los objetivos programáticos del partido, han servido de fuerza de maniobra de la Concertación, a la vez que mantienen la fe en un posible giro de ésta hacia propuestas más acordes a “la izquierda”. Considerando las características del sistema político chileno, este tipo de apuestas pueden entramparse más que generar frutos y avances desde la perspectiva de “cambiar el Estado desde adentro”. En este sentido, cabe cuestionarse por lo que implica por sí mismo el hecho de ocupar posiciones en el Estado, con o sin alianzas interclasistas (aunque éstas sean meramente estratégicas), además de problemas que pueden llegar a desencadenarse, como la cooptación del avance de las bases por los sectores dominantes. En otras palabras, ¿cómo se asegura que el ocupar posiciones en el Estado ayude a la construcción de poder popular en el contexto actual?

Al mismo tiempo, la idea de que el GNT va a proveer de “gobernabilidad” al país solo resulta en una relegitimación y recomposición de la hegemonía de la clase dominante. Este tipo de eufemismos son reflejo de una propuesta que más que hablar de la erradicación del capitalismo, se enfoca al fin del “neoliberalismo” y a una conducción vanguardista de la clase trabajadora.

En segundo lugar, ¿es la construcción social del PC mera acumulación de electorado, o existen perspectivas de construcción de poder popular? Creemos que por el momento el Partido Comunista ha definido su línea de construcción privilegiando su inserción en el aparato estatal, lo que tiene como consecuencia una concentración en su trabajo electoral. Podemos tomar como ejemplo el resultado del último trabajo de base del PC: el movimiento estudiantil, que terminó pasando rápidamente al ámbito de la política formal, encarnándose en figuras como Camilo Ballesteros y Camila Vallejo.

En un contexto en donde las orgánicas de la clase trabajadora aún son incipientes y debido a lo acotado que resulta una política transformadora o crítica en un marco institucional y bajo la hegemonía de actores neoliberales (Alianza, Concertación), se produce una escisión entre los intereses inmediatos del PC y la de los organizaciones de base. Ésta se expresa en el distanciamiento entre las demandas de los movimientos sociales y las oportunidades concretas de luchas en la arena institucional.
El Partido Igualdad: la Constitución de la Igualdad

El Partido Igualdad nace en el año 2009 con un programa ambicioso que incluía no solo la lucha por ganar espacios municipales, sino que también constituirse en una “Herramienta de los Pueblos”, un “instrumento político que organice, apoye y conduzca la lucha de los pueblos de Chile por sus derechos y lleve a la clase trabajadora al gobierno”. Pregonan un proceso constitucional que refunde el Estado, pero no ya desde una alianza interclasista, ni privilegiando únicamente las mayorías electorales.

Igualdad logra consolidarse como una organización política cuyas orientaciones estratégicas están dirigidas hacia dos vías aparentemente no excluyentes: por un lado, la vía electoral/institucional, y por el otro, la vía de la construcción de poder desde las organizaciones sociales. La conjunción de ambas estrategias se consolidarán en lo que denominan “La Constitución de la Igualdad” caracterizada por un, nuevamente, “nuevo tipo de gobierno” y una nueva Constitución Política para Chile, impulsada desde el pueblo a través de un proceso que pondrá en las manos de éste el diseño e instauración de aquélla: la Constituyente Social. El propósito de ésta es terminar con las desigualdades y reformular los fundamentos de la sociedad así como redistribuir la riqueza y el poder. De esta forma, los cambios reales pretenden ser impulsados desde una nueva institucionalidad y un gobierno dirigido por la clase trabajadora, guiada y respaldada por Igualdad.

Si bien se diferencian del PC en términos del marco de alianzas estratégicas que proponen, descartándose radicalmente de una unión y/o apoyo a las iniciativas que provengan de los partidos existentes, y por ende de la clase dominante, las posibilidades reales de incidencia en los espacios institucionales que pretenden disputar parecen ser escasas. Si bien Igualdad es relativamente nuevo e incipiente, pudiendo justificarse así la irrelevancia de sus porcentajes en las pasadas elecciones, no se le puede restar importancia a este hecho. Una apuesta que pretende insertarse institucionalmente sin reconocer la centralidad, e incluso necesidad, de la alianza interclasista para lograr mayoría electoral y, por lo tanto, una real posibilidad de inserción en este espacio, puede resultar ingenua. Poseer poco “recurso humano” en el ámbito institucional (un solo concejal en todo el país), margina las posibilidades de transformación y demarca estrechos márgenes de acción para un proyecto que ambiciona “guiar” a la clase trabajadora al Estado por esta vía. Las limitantes del ámbito político formal ya son conocidas y las posibilidades de acción dentro de este marco se acrecientan aún más al descartar las alianzas interclasistas que, por lo menos para concretar acciones en ese espacio, parecen ser necesarias. Este ha sido el caso, por ejemplo, de Venezuela, en el proceso de la Revolución Bolivariana ha debido aliarse con sectores de la burguesía nacional, privilegiando en un primer momento la expulsión de los grandes capitales internacionales. Asimismo, esta deriva le ha hecho perder ciertos componentes populares y socialistas, lo cual habla en cierta forma de los peligros que este tipo de alianzas puede conllevar para el proceso revolucionario.

Por su parte, la lucha que pretende llevarse a cabo en los espacios institucionales sienta sus bases en la idea de una mayoría electoral que resulta ficticia, falsa, espuria, en tanto conlleva una acumulación de fuerzas que por sí misma da cuenta de una “participación” en el ámbito electoral, pero que no se condice en ningún momento con una organización real y permanente desde las bases.

Aunque es innegable que Igualdad tiene presencia orgánica en diferentes partes de Chile, intentando desarrollar en paralelo un trabajo con las organizaciones de base, la vía institucional y la lucha por instalar candidatos en espacios locales sigue siendo el objetivo principal de este partido, de ahí que se hagan llamar un instrumento político para apoyar, organizar y conducir a la clase trabajadora, siempre con la disputa a los otros partidos con el gobierno en la mira. Las dificultades aparecen cuando se apuesta por ambas vías, ya que existe una escisión entre las demandas del movimiento popular al que se quiere organizar y conducir, y las escasas oportunidades concretas de lucha que existen en el ámbito político institucional.

Como tercer punto, es importante señalar las implicancias que tiene enfatizar fuertemente la “presencia”, ficticia, de un momento constituyente. Más allá de lo errada que resulta esta afirmación, puesto que aún queda una ardua tarea en la construcción orgánica de las organizaciones de base, una nueva Constitución solo sirve como herramienta relegitimadora de la clase dominante. No olvidemos que la Concertación ha adherido a esta propuesta, tomándola como suya, ¿por qué? ¿Porque el “movimiento ciudadano” ha sido escuchado, o porque desde esta propuesta existe una nueva relegitimación y re-fundación de su posición de clase dominante? Hablar de una Constitución, sea Nueva, sea de la Igualdad, solo “constituye” una relegitimación de la democracia burguesa y de sus instituciones, un “barniz” de recomposición de un sistema que por sí mismo no asegura las transformaciones reales de la sociedad. Proponer una Asamblea Constituyente actualmente, en este contexto político y en la actual coyuntura de la lucha de clases, es seguir jugando el juego de la clase dominante.


1 En los próximos días realizaremos una crítica más detallada de los fundamentos teórico-políticos de la estrategia actual del PC y su aplicación en la realidad nacional concreta

2 Ver columna “La tesis del 1%: antecedentes históricos”.