Jueves, 04 Agosto 2016

La imposibilidad de la vía institucional hoy

Fragua

Centro de Investigación

En las dos columnas anteriores de la serie Izquierda y Construcción de Poder, abordamos algunas propuestas de lo que hemos calificado como la vía institucional. Analizamos las propuestas de organizaciones como el Partido Comunista, el Partido Igualdad, Revolución Democrática e Izquierda Ciudadana.

Un análisis más general adquiere nuevos ribetes hoy, cuando el PC ha planteado ya su apoyo definitivo a la candidata de la Concertación y la crítica a su actuar no solo ha venido de la izquierda revolucionaria, sino que también de aquella que defiende la vía institucional.

Para comenzar, la crítica a los nuevos partidos analizados convergen: sin aliarse con sectores de la Concertación (las coaliciones neoliberales actuales no permiten la generación de transformaciones; de ahí que, por sí mismos, estos partidos más pequeños no tengan posibilidades reales de generarlas), los logros que pueden obtenerse en el ámbito institucional son bastante limitados dadas las características estructurales del sistema político formal. Sin embargo, la alianza con sectores aparentemente progresistas de la Concertación no promete, bajo ninguna circunstancia, el compromiso de realizar transformaciones concretas. Las reglas de juego son bien conocidas por todos los actores políticos, y más allá de que estén bien o mal escritas (lo que se traduce en una “mala” Constitución versus una “buena” y nueva Constitución), el problema radica en los conflictos de intereses (a los que se responde) que hay detrás de todos estos actores. Fuera de las limitantes institucionales que impiden ciertas transformaciones, existen elementos que no dependen de ellas y que pudieron haber sido cambiadas durante los gobiernos de la Concertación, pero que pese a esto no han sufrido permutaciones. Los intereses de estos sectores políticos corresponden a los intereses de la clase dominante, vinculados estrechamente a la mantención del sistema capitalista. De ahí que haya que tener precaución con enfatizar la presencia ficticia, a nuestro parecer, de un momento constituyente hoy, pues apoyar esta suposición puede, más que abrir la puerta a la generación de grandes transformaciones, abrir una puerta a un momento que sirva de relegitimación a la democracia burguesa, recomponiendo y reformando el mismo sistema que tenemos hoy. Es así como, bajo el lema de la necesidad de un momento re-fundacional de la política, las coaliciones neoliberales pueden aprovechar la oportunidad de mantener su posición y legitimarla nuevamente.

Si tomamos en cuenta lo anterior, no es baladí afirmar que la alianza con sectores progresistas de la Concertación, más allá de que esto resulte parte de una estrategia como es el caso del PC, es peligroso para aquellas izquierdas que quieren realizar transformaciones y erradicar el capitalismo neoliberal. En este sentido, la unidad se hace necesaria, pero no tiene que ser abstracta, ficticia. Decir que todos somos de izquierda y que eso es razón suficiente para unirse, es un argumento erróneo que puede conllevar a la búsqueda y generación de alianzas con los sectores equivocados, como la Concertación. La unidad debe fundamentarse en la convergencia de principios y horizontes que logren consolidar una alianza que haga el contrapeso a la clase dominante.

Ahora bien, no debemos olvidar que el sistema político es solo uno de los espacios en los que se manifiesta el capitalismo, por lo tanto, los cambios que puedan producirse acá resultan inoperantes considerando las manifestaciones concretas de este último en otras esferas, como la económica y la cultural. Abogar por la generación de cambios en la totalidad de la sociedad desde, por ejemplo, una Asamblea Constituyente hoy, resulta en un gran error, pues la acción política revolucionaria debe abordar las tres esferas. El ocupar posiciones dentro del sistema político formal y cambiar sus reglas, no necesariamente van a permitir las transformaciones de éste, y, por otra parte, los problemas de inorganicidad de las organizaciones sociales de base, así como la construcción de poder, no tienen una relación directa con la acumulación de poder electoral. No porque esta última exista, la acumulación de poder desde las organizaciones de base va a aumentar.

La imposibilidad y las implicancias negativas de apelar a cambios mediante la vía institucional, considerando la forma actual del aparato institucional y la manera que proponen estos cuatro proyectos para su transformación (Partido Comunista, Partido Igualdad, Revolución Democrática e Izquierda Ciudadana), ya sea por medio de la generación de mayorías electorales ficticias o mediante la generación de un proyecto ciudadano que sea inclusivo de todos los sectores sociales, nos hace llegar a la conclusión de que la construcción de poder no debe desplazar la fuerza social orgánica de su centro, debe potenciarla. Si bien ha habido avances y no puede hablarse de una inexistencia de organizaciones sociales de base, el trabajo aún es arduo y una tarea esencial para el corto plazo no es el cambio de la Constitución ni disputar un espacio que se rige bajo las reglas de la clase dominante. La tarea es la construcción de la organicidad del pueblo, la clase trabajadora y sus aliados. Es el pueblo quien, generando estrategias de lucha organizada y acorde a los intereses de la clase trabajadora, logrará las grandes transformaciones de la sociedad y la erradicación total, y no parcial (reformista) del capitalismo.